Disclaimer: Los personajes no son míos, sino de S. Meyer. Solo la trama es
mía.
Summary: Bella está aburrida, así que
empieza a hacer una limpieza de su ático cuando encuentra un peluche que guarda
varios y hermosos recuerdos de su niñez…
Hola chicas, siento la tardanza, se suponía que lo publicaba el
jueves, lo tenía en un borrador, pero la pereza me cayó junto con otras cargas
e hizo efecto en mi =S Después de todo… ¡aquí está el OS!
El OS está dedicado a mi sista Lmabt. (Gracias por apoyarme en todos mis proyectos y en los
peores y mejores momentos. Te quiero mucho).
Historia beteada por
Kelly Ecobar (FFAD)
EL PELUCHE DE BELLA
“Cajita de Recuerdos”
Escuché un sonido a lo lejos. Abrí los ojos y solo alcancé a ver un
pequeño movimiento en mi enorme vientre.
¡Mis bebés habían dado otra patadita porque tenían hambre!
Me levanté de la cama y vi el reloj, apenas eran las 11:25 am; demasiado
temprano para que me despertaran. Anoche mis bebés parecían haberse puesto de acuerdo
en hacer una fiesta en mi vientre, causando que Edward y yo no pudiésemos
dormir hasta altas horas de la madrugada.
Busqué por toda la habitación mi bata, la cual encontré entre las
sábanas de la cama, y bajé las escaleras para ir a la cocina por un bocadillo.
Abrí el frigorífico y tomé lo primero que encontré; un pedazo de tarta
de manzana, lo puse en un plato, caminé hacia una de las sillas del comedor y
me puse a devorarlo con ansias.
Después de terminar dejé el plato a la pileta y fui directo al mullido
sofá que había en el salón, donde había pasado la mayoría de mis días; encendí
la televisión…
Sí, paso todo mi embarazo en casa, la que ahora tomo como cárcel; porque
desde que Edward, mi esposo, se enteró que tendríamos un bebé se había puesto
un poco sobreprotector, no al extremo, pero al menos me dejaba salir para ir de
compras e ir al trabajo. La gota que hizo llenar el vaso llegó cuando supimos
que tendríamos gemelos hace unos dos meses atrás. Me hizo prometer que no
saldría de casa durante el resto del embarazo, solo cuando estuviese él. Yo, a
cambio, le dije que tendría que pasar más tiempo conmigo después de pensar en
cómo sería, porque los dos íbamos siempre al trabajo, pasábamos todo el tiempo
allá y nos volvíamos a ver al atardecer, cuando regresábamos de nuestros
trabajos.
Conmigo no hubo problemas porque podría trabajar desde casa gracias a mi
trabajo como editora. ¿Y él? Al principio se nos había hecho un poco complicado
hasta que Esme, mi suegra, me había propuesto pasar un tiempo en su casa y que
Edward pasara por mí todas las tardes al regresar del trabajo.
Los primeros días habían sido fáciles, pero poco a poco me sentí una
carga; no podía evitar mis antojos por más que me lo proponía y me la pasaba
viendo a Alice, Emmett, Rose o Jasper andar de aquí para allá buscando los
benditos antojos.
Finalmente, y gracias a Dios, había hablado con Edward para que pidiera
una licencia o unas vacaciones. Recuerdo que al principio se había puesto un
poco histérico, por suerte logré hacerlo razonar.
Nadie se moriría si uno de los mejores cardiólogos de la ciudad se
tomara unas vacaciones, ¿o sí?
Y Edward tomó las vacaciones… bueno, las está tomando, pero esta mañana
habían tenido unas complicaciones con un paciente en el hospital y él no se
había podido negar en ofrecer su ayuda.
Apagué el televisor y dejé caer el mando sobre el sofá. Me sentía
totalmente frustrada, no sabía qué hacer; últimamente había estado muy
entretenida con Edward, pero ahora que él no estaba no se me podía ocurrir otra
cosa más que subir al tercer piso, en el ático, y arreglar un poco las cajas
apiladas que había estado ordenando meses atrás después de la mudanza.
Edward me había ayudado con las primeras quince, ahora solo quedaban
unas siete, pero no habíamos podido adelantar el trabajo porque había estado en
casa de Esme u ocupada con un libro que estaba editando.
Le di vuelta al pomo de la puerta y esta se abrió con un suave chirrido,
dejándome ver la parte del ático que habíamos ordenado y la otra esquina, que
estaba adornada por unas siete cajas
que reposaban una encima de otras sobre el suelo, frente a otro sofá.
Caminé directamente hacia el diván, me senté y miré con un poco de temor
la pila de cajas que se levantaba frente a mí. Tomé la primera, que no pesaba
nada, y la puse a mi lado del sofá.
Empecé a abrir la caja y al terminar de hacerlo me encontré con un
pequeño montoncito de marcos para fotos totalmente vacíos. Escogí los que me
servían y puse los sobrantes en otra caja que estaba al lado derecho del sofá.
Después de esa caja le siguieron otras más; unas con útiles de oficina,
ropa, zapatos, juguetes, fotos…
Fotos…
Todavía recordaba el día en que Esme me había obsequiado algunas fotos
de Edward de cuando era niño, el día que ayudé Edward a empacar sus cosas para
nuestra mudanza y él había pasado horas refunfuñando sobre las viejas chismosas
que solo hablaban de sus fotos de bebé.
Todas las fotos eran viejas, lo sabía por la pequeña capa de polvo que
había sobre ellas y también porque eran de nuestra infancia.
La primera era de cuando teníamos cuatro años, aparecíamos dormidos con
las mejillas sonrojadas en una noche de invierno, sobre un sillón junto a la
chimenea de mi casa y abrazándonos. La siguiente casi me hace caer de la risa,
era de un Edward todo sonrojado cuando lo habían sorprendido mientras se bañaba
en la tina, apenas debía tener unos tres añitos.
A esas le siguieron muchas más, varias me hicieron reír, sonrojar e
incluso llorar. Parte de eso debía agradecérselo a mis hormonas, me estaban
volviendo loca. Hasta que vi la última, al parecer Esme la había puesto en la
caja sin que me diese cuenta. Nunca la había visto, pero esa casi me hizo
derretir.
En la imagen aparecían Esme, embarazada de Alice, abrazando Emmett, el
hermano mayor de Edward, y a Edward. Supuse que la foto la había tomado
Carlisle, era de uno de nuestros días en la guardería; Edward recién había cumplido
sus cuatro años aquel mismo día. Pero eso no fue lo que me llamó la atención,
sino que, en lugar de mirar a la cámara, Edward se había distraído mirando con
un brillo casi anormal en sus hermosos ojos verdes a una niñita que tenía un
peluche tan grande que la hacía ver pequeña y frágil.
¡Había sido amor a primera vista, y pensar que la niñita había sido yo!
Al principio no habíamos congeniado para nada, pero tiempo después había
crecido una amistad; cada uno sentía algo por el otro, pero no lo habíamos
admitido hasta ser mayores, que fue cuando descubrimos que no solo teníamos una
linda amistad, sino que había algo más detrás de todo eso. Teníamos un
sentimiento en común…
Tomé todas las fotos y las puse a mi lado izquierdo en el sofá, en donde
no había nada y además planeaba apartar los objetos que tenía que sacar de esas
viejas cajas. Moví la caja y la uní junto con el resto que pronto tendría que
acomodar Edward.
Miré por última vez la pequeña montaña de basura que había sacado de las
demás cajas y luego volteé mi mirada hacia la última caja que yacía en el suelo,
medio abierta. La tomé con cuidado y la subí al lado derecho del sofá con un
poco de esfuerzo al tiempo que sentía las pequeñas pataditas en protesta por
parte de mis bebés.
Moví las tapas y me sorprendí al ver que era otra caja con juguetes,
pero esta vez con más peluches que juguetes y una carpeta.
Alcé la carpeta para ver si tenía algún nombre en los costados, pero
como no encontré nada…
Abrí la carpeta y me encontré con más fotos. Esta vez las fotos eran más
recientes. Había algunas de la boda, el último cumpleaños de Edward, Alice
saltando en el mall cuando le di permiso para que escogiera ropita para los
bebés…
Como eran varias las agregué a las que había apartado anteriormente y la
puse a mi lado izquierdo en el sofá.
Miré el grueso sobre que tenía a mi lado e hice una nota mental de que
pronto tendría que comprar álbumes de fotos. Dejé caer mi mirada nuevamente en
la caja llena de peluches y juguetes…
¿Estaría allí mi peluche perdido?
No lo pensé más y empecé a rebuscar entre el montón de juguetes viejos y
peluches antiguos hasta tocar fondo y sentir algo blando y peludo, demasiado suave.
Agarré lo que fuese que había tocado y lo saqué a la vista.
Me sorprendí al ver el estado del peluche, sinceramente no tenía
palabras, ¡era el Sr. Dedee! Y estaba en perfectas condiciones, bueno al menos
para mí opinión, porque no había cambiado nada. Todavía tenía aquel claro color
amarillo mostaza, la nariz de un chocolate rojizo y unos botones de azul terciopelo
como ojos; lastimosamente lo único que no le había cambiado era el botón que
pendía de un hilo.
Lo puse junto a las fotos que estaban en la carpeta, tenía que apurarme,
hacer algo. Seguramente ya había pasado más de tres horas arreglando cajas así
que sería mejor que me apurara. Sí, tenía que hacer todo esto rápido.
Metí las cosas que se habían salido cuando saqué al Sr. Dedee en la última caja, la uní a las otras que ya tenían las
cosas importantes y la dejé a la vista, esperando acordarme pronto de revisar
la caja pendiente.
Regresé nuevamente al sillón, tomé la carpeta de fotos y al Sr. Dedee, y caminé rápidamente hacia el
pasillo donde se encontraban las escaleras.
Cuando llegué al primer piso fui al sillón en donde había estado horas
antes, frente a la televisión. Me acerqué al estéreo y puse algo de música, Inocence de Avril para ser exactas;
caminé nuevamente, esta vez hacia mi estudio en busca de unas agujas e hilos
para coserle el ojo al Sr. Dedee y
regresé finalmente al sofá.
Me acomodé lo mejor que pude entre el montón de almohadones que Edward
había colocado especialmente para mí y empecé a coserle el ojo al Sr. Dedee
mientras recordaba como lo había perdido y vuelto a encontrar, agregándole a
ello al amor de mi vida…
Hacía dos semanas que había perdido a mi único
peluche. Fue en el aeropuerto, justo cuando salíamos hacia Forks. Tenía tres
años, mi papi había muerto el año pasado y todos los días veía a mi mamita
desplomarse cada vez más y más; la muerte de mi papi la afectaba, pero aun así
ella se hacía la fuerte para que yo no me viese afectada. Sin embargo, eso
sucedió, todas las noches la escuchaba llorar por mi papi, yo tenía al Sr.
Dedee para consolarme, pero… ¿y mi mamita?
No tenia respuesta para eso, quería ayudarla pero
nada funcionaba, solo el hecho de que una amiga de mi mamita le había dicho que
regresara a Forks nuevamente, a casa de mi abu Marie.
Cuando llegamos a Forks no había nadie en casa; mi
abu Marie había muerto hacía casi dos años, tenía un leve recuerdo de ella.
Apenas habíamos llegado había corrido, con mi madre detrás de mí, por toda la
casa de mi abu hasta llegar a su habitación.
Era la primera vez que mi mamita me dejaba en la
guardería. Ella me había dicho que me portara bien, que no me asustara, que
estaba allí para hacer amigos. Sin embargo, yo no pensaba lo mismo, no si no
contaba con mi antiguo “Señor Dedee”.
—Tranquila cariño, no te asustes, ¡ya verás que
harás muy buenos amiguitos! —dijo con una voz
cantarina impregnada de ternura.
—Mamita, pero… pero el Sr. Dedee no…
—Pero nada, Bells, eres una niña valiente, ¿verdad?
—yo solo le asentí con la cabeza y ella aprovechó que estaba en mis momentos de
confianza para empujarme suavemente por la espalda en dirección hacia una de
las muchachas que cuidaban—. No te preocupes por el Sr. Dedee, te compraré otro si eso es lo que falta
para que seas feliz. Anda, solo será un tiempo hasta que mami regrese del
trabajo, para cuando regrese iremos por un helado, ¿vale?
Vi como se agachaba frente a mí, me tomaba de las
mejillas para darme un ruidoso beso en cada una y terminaba con otro en la
frente.
¡Amaba a mi mamita!
A lo lejos pude ver como mi mamita me decía adiós
con la manita mientras que yo le daba una mano a la muchacha y con la otra
también me despedía de ella.
Cuando volteé no pude creer lo que veía, había una
pequeña fiesta y un montón de niñitos de todas las edades felicitando a otro
que se reía a carcajadas entre los brazos de sus padres, que al parecer se
habían quedado celebrando con él.
—Hola Bells, soy tu nana aquí en la guardería, me
llamo Debby. ¿Cuántos años tienes? —yo le enseñé tres
deditos, como mi mami siempre me corregía—. ¡Oh, qué alegría,
eres una niña muy bonita! Hoy tenemos una fiesta, el pequeño Eddie está
cumpliendo sus cuatro añitos y lo estamos celebrando. Vamos, cuando cumplas tus
cuatro añitos te lo celebraremos también.
Me fui acercando poco a poco hacia el niñito al que
le decían Eddie, pero pronto me dio pena saludarlo sin conocerlo, era muy
tímida, así que desvié mi camino hacia un estante repleto de juguetes. Rebusqué
entre ellos y de pronto me sorprendí al ver al Sr. Dedee.
— ¡Señor Dedee! —grité abrazando al
osito de felpa de color amarillo mostaza que tanto amaba—, ¡por fin te encuentro! Tanto tiempo sin verte… Sé que me extrañaste,
pero no te preocupes que no te vuelvo a dejar solo.
Todo iba bien. Casi lloraba de alegría al haber
encontrado el osito de peluche que me había regalado mi papi el día antes de
morir, pero de la nada sentí un tirón en una de mis coletas. Solté al Sr. Dedee
y empecé a llorar, me había dolido montones, pero eso no había evitado que
aquella persona que había halado de mi cabello me quitara bruscamente al Sr. Dedee.
—No, al Señor Dedee no, por favor…, a él no, mi
papi… mi papi me lo dio… por favor… devuélvemelo —vi como el tal Eddie abrazaba al Sr. Dedee y corría hacia su mami, que
lo abrazó y le susurró algo al oído.
—Ya, ya, Bells. ¿Qué pasó con Eddie que lo hiciste
enojar? —me dijo Debby que me acariciaba el cabello mientras
yo pataleaba llorando en el suelo.
—Es que… es que yo… perdí al Sr. Dedee en el
aeropuerto y… y ahora lo encontré… pero él… él me lo quitó… —dije sollozando
sabiendo que todos los niñitos presentes me estaban viendo.
— ¡Edward Anthony Cullen Masen! ¿Porque le haces
eso a la niñita? Está llorando, mírala… devuélvele el peluche, te podemos
comprar uno, sabes que no es tuyo porque lo encontraste —dijo la mamá del tal Eddie.
— ¡Pero, mamá, yo lo encontré y es mío! Emmy dice
que si lo encuentras se convierte en algo tuyo —se quejó Eddie.
— ¡Edward! —replicó su madre.
— Ya voy, mamá ¡Pero ella me tiene prestar a Tedd!
Vi por el rabillo del ojo como Eddie se iba
acercando poco a poco a mí, me daba una mano ayudándome a levantar y dándome el
peluche.
— ¿Por qué dices que es tuyo? ¿Cómo lo sabes? —dijo lanzándome una mirada demasiado intensa como para venir de un niño.
—Me lo dio mi papi un día antes de irse al cielo,
él lo mandó a hacer y… tiene la “B” de “Bella” en su pata izquierda —le dije sonrojándome.
El rápidamente echó un vistazo a la pata que le
había mencionado y automáticamente había encontrado la enorme ''B'' mayúscula
bordada en color escarlata.
Vi como poco a poco un leve sonrojo se iba esparciendo
por sus mejillas y luego me devolvía una mirada apenada.
— ¿Crees que lo podamos compartir?, me he
encariñado con Tedd…
—Mmm, claro, Eddie.
—No me digas así, por favor, no tolero que me
llamen así. Hoy me convierto en un niño grande. Ese nombrecito pareciera como
para niñitos y yo soy un niño grande. Por cierto, eres bonita, Bells —dijo con ojos totalmente brillantes.
Mis mejillas se colorearon. —Está bien, ‘Eddie’ —le
dije, pinchándole, pensando que se iba a enojar, pero sucedió lo contrario. Se
rió a carcajadas.
Ese recuerdo nunca se desvanecía de mi mente. Desde ese día habíamos
compartido al Sr. Dedee Tedd —como habíamos decidido llamarlo— y
lo cuidábamos como si fuera nuestro propio hijo.
Las horas, los días, meses y demás fechas fueron pasando. Celebré mi
cumpleaños acompañada de todos los amigos y amigas que había hecho.
—Te quiero mucho, Bells, más que a nadie. Hasta el
infinito y más allá —dijo Edward bajando la cabeza, avergonzado.
—Yo también te quiero —sonaba cursi e infantil, pero éramos niños, ¿no?
—Por cierto, feliz cumpleaños. Si hubiese podido te
hubiese traído algo, pero no se me ocurrió nada, eres tan bonita que no hay
nada que sea suficiente bueno para ti…
—No te preocupes. Mi mami dice que la intención es
siempre lo que cuenta —dije todavía más sonrojada.
—En ese caso… —se me acercó lentamente, con un poco
de timidez y me dio un beso en la mejilla, muy cerca a la comisura de mis
labios— te quiero, Bells, eres tan linda y tierna que algún día serás mi
esposa. Te lo prometo.
Y pensar que en aquel entonces él no tenía
idea de lo que decía…
Mi madre había encontrado a otra persona a quien amar, sería como tener un
nuevo papi, pero sabía que nunca sería lo mismo que el mío.
Ese año no pasamos la navidad solas, la
familia Cullen se nos unió al igual que Alice, que nació justo el veinticuatro
de diciembre.
Todavía recordaba el día en que llegó un
Carlisle, totalmente azorado, a la casa y le pidió a mi madre y a Phil que
cuidaran de Edward y Emmett porque a Esme le había llegado el momento de dar a
luz.
Edward se había asomado entre las piernas de su
padre y había entrado a la casa después de darme un abrazo y sin esperar a que
mi mami le respondiera.
Pasamos toda la noche jugando al escondite, ya
habíamos encontrado a Emmett más de tres veces detrás de árbol y después
habíamos comido galletas de chispas de chocolate hasta quedar completamente
saciados.
Me había dado tanto sueño que, después de ver unas
cuantas películas navideñas, caí en un profundo sueño. Me había acostado en el
sofá junto a la chimenea, estaba clientito porque mi mami había puesto unas
cuantas mantas allí para que no pasara el frío de la noche; le había insistido
tanto en que me quedaría a dormir en el sofá para esperar a Papa Noel que ella
se había dado por vencida.
Ella le había dicho a Edward que podía dormir en mi
habitación junto con Emmett, pero éste se había negado.
A la mañana siguiente me llevé la mejor de las
sorpresas. Edward estaba acurrucado junto a mí y me había traído al Sr. Dedee
Tedd. Al parecer, mi mami nos había arropado.
— ¿Qué haces aquí? —inquirí al ver que ya había abierto sus hermosos ojos verdes. Moví mis
pies y mis manitas intentando entrar en calor. A pesar de tener mis calcetas
puesta, aquella era la mañana más fría que había sentido en Forks.
—Anoche te vi sola en el sofá, estabas temblando y
me llamabas, así que decidí buscar al Sr. Dedee Tedd y venir a dormir contigo
para que dejaras de temblar y de llamarme…
Otro recuerdo regresó a mi mente y de la nada empecé a reírme, fue de un
día en que Edward hizo algo de lo que nunca se ha arrepentido, según me contaba
él algunas veces.
Me asomé por la ventana del auto de mi mami y pude
ver una hilera de tiendas totalmente adornadas con corazones rojos, rosados,
blancos y demás colores derivados.
Odiaba San Valentín, no por la celebración, sino
porque las demás personas usaban ese día para que sus negocios ganaran más
dinero. ¡Se suponía que era el día del amor y la amistad, no el de ''compra y
vende mejor''!
Apenas sentí que el auto se detuvo, bajé corriendo
hacia Debby, que estaba dando la espalda.
—Hey, ¿es que acaso no planeas despedirte de tu
mami, Bella? —me dijo mi mami arqueando una ceja.
—Oh, lo siento —corrí hacia ella, le
di un abrazo y regresé, pero esta vez evadiendo a Debby y entrando rápidamente
a la habitación, en donde encontré a Edward sentado en una silla mientras
jugaba con una masilla, dándole una forma demasiado extraña…
—Parecen unos gusanos, ¿qué es lo que haces? —le dije mientras lo abrazaba por la espalda, le tocaba sus cabellos y me
reía fuertemente.
Él se volteó y me tomó las manos…
—Pues lo que ves que hago, perdiendo el tiempo
porque la niña más bonita del mundo no ha llegado a mí encuentro —me respondió dándome una de sus pequeñas sonrisas torcidas y moviendo
sus despeinados cabellos de color cobrizo—. Feliz día de San
Valentín —me dijo al oído mientras me daba un abrazo
rompe-costillas, como le llamaba Emmy.
— ¡No, Lauren! Sabes que te quiero, eres la más
hermosa de todas, Swan no…
— ¿Y a ti que te importa eso, Mike? No te quiero a
ti, quiero a Edward —la escuché decir. No me dejó hacer nada, solo sentí
como me apartaba de Edward, haciéndome a un lado.
Vi con un poco de tristeza como se agarraba al
cuello de Edward y pegaba sus labios a los de él. Sentí un toque en mi mano,
había otra tomándola así que empecé a seguir la mano hasta que me llevó a…
¿Mike?
— ¿Qué… que haces M-Mike? —le pregunté con un poco
de temor al ver como sus azules ojos me miraban de una forma muy extraña. Como
si fuese una paleta.
Él no me respondió, solo vi como se acercaba
lentamente hacia mí y…
— ¡Ni lo pienses, estúpido, a ella ni la tocas! Primero
tendrás que pasar sobre mi cadáver —solo escuché las
palabras provenientes de Edward, que se había apartado bruscamente y había
arremetido contra Mike después de decir aquellas palabras.
Vi como Edward y Mike rodaban en el suelo mientras
Edward le propinaba algunos golpes y Mike apenas podía responderle. Edward y yo
nos entreteníamos algunas veces viendo la lucha libre, así que nos sabíamos
algunos tipos de llaves. Por un momento sentí temor por Edward, pero este se
fue al ver que el más herido era Mike.
— ¡Oh, mi Dios! ¿Pero qué sucede aquí? —casi gritó Debby, que había entrado en escena provocando que Edward y
Mike se pusieran de pie de un salto y se señalaran culpando al otro.
—Eddie, cariño… ¿estás bien? —dijo la muy zorra barata, como le decía mi mami a algunas viejas,
mientras corría hacia Edward para ver si estaba herido. Yo solo miraba la
escena en shock.
—Apártate, Lauren. Y no se te ocurra decirme Eddie,
soy un niño grande.
—Pero, Eddie… ¿es que acaso nuestro beso no te
importó? —le dijo haciendo un puchero de lo más falso. ¿Era
una sensación o esto me sonaba a las novelas que veía mi madre por las noches?
— ¿Lo nuestro? ¡¿Desde cuándo, Lauren?! No ha pasado
nada entre nosotros, me robaste mi primer beso y aparte de eso tengo que lidiar
con que tu boca apesta a mariscos podridos o a sapo muerto. ¡Por Dios, Lauren, ¿qué
comiste?! —se quejó mientras se tocaba la nariz y caminaba
hacia mí. A lo lejos solo podía escuchar las carcajadas de Emmett.
—Yo… yo pensé que… —dijo Lauren sollozando
— ¡Déjala en paz, Edward! Ella no ha hecho nada,
solo trató de conseguir lo que nos correspondía —dijo Mike abrazándola.
— ¿Qué te correspondía? Bella es y será mía. ¡Prometo
que algún día será mi esposa como que me llamo Edward Cullen!
Después de lo que dijo Edward todo el lugar quedó
en un completo silencio, yo solo miraba la escena, todavía en shock. Lauren que
lloraba desconsolada entre los brazos de Mike. Edward se acercó a mí y me
abrazó, nos llevó a una mesa muy alejada de aquella multitud.
Después de eso no tengo mucho que decir. Seguimos con nuestra amistad,
aun cuando hubo un tiempo en que me sentí intimidada, ¿pero quién no lo estaría
si llega tú mejor amigo y dice que se van a casar cuando sean mayores, apenas
teniendo cuatro años?
Edward se había disculpado conmigo por haberme hecho sentir mal o
haberme asustado —la verdad no lo hizo—, pero acepté sus
disculpas. Por un tiempo intenté hacer que se disculpara con Mike por su
conducta, pero al poco tiempo me di cuenta de que era un caso perdido, siempre
se defendía con el: —No sé que me pasó, pero soy capaz de hacer cualquier
cosa para evitar que alguien te bese o te robe el beso antes que yo. Te quiero,
Bella.
Eran palabras inocentes y el tiempo las fue cubriendo poco a poco con su
pasar, sin embargo, nunca las olvidamos. Intentábamos hacer como que no había
pasado nada y nos engañábamos con la estúpida mentira de la amistad, solo hasta
que fue en mi fiesta quince años cuando por fin se me declaró.
—Bella, necesito hablar contigo, es importante —dijo serio mientras tragaba sonoramente.
— ¿Que sucede, Edward? —le respondí un poco nerviosa al ver que nos dirigíamos hacia los
jardines que estaban decorados con todo tipo de luces.
Él no me respondió, solo se limitó a tomarme de la
cintura y empezar a bailar una romántica canción bajo las luces titilantes que
rodeaban la fuente del jardín.
No sé durante cuánto tiempo bailamos, solo que
cuando terminó la canción me miró de una forma en la que nunca lo había hecho.
—Bella, tengo que decirlo, ya no resisto más, este
secreto me está matando; no sabes los celos que siento cada vez que te veo con
otro chico que no sea yo. Te amo, Bella, te amo con todo el alma, todo mi ser,
te amo desde el primer momento en que te vi.
—Edward…
—No, déjame terminar —me sonrió—. Te amo incluso
desde antes de haberte conocido. Cuando encontré tu peluche en el aeropuerto
este tenía un aroma tan… inocente y suave… no tengo palabras para describirlo, Bella,
te amo y no quiero perderte —a este tiempo las lágrimas
ya corrían por mis ojos, era mi sueño hecho realidad—. Quiero estar a tu lado, por siempre. Sé que esto es difícil,
seguramente esto arruine nuestra amistad si el caso es que no me correspondes,
pero he decidido arriesgarme; ya no lo soporto. “Te amo” es poco comparado con
lo que siento, no existen palabras para describirlo. Solo quiero saber… ¿Eso
que siento es correspondido, Bella?
—Yo… Edward, yo… te amo desde hace mucho tiempo,
pero no te lo dije por miedo a perder tu amistad también… —le dije con un nudo
en la garganta.
El me sonrió con un brillo en los ojos tan
resplandeciente que por un momento pensé que se derretiría.
—Quiero hacer las cosas bien, Bella, ¿quieres ser
mi novia?
—Claro Edward, sí, sí, si —casi le grité mientras lo abrazaba fuertemente y luego nos uníamos en un
tierno beso cargado de sentimientos.
Mi imaginación había ido volando mientras recordaba nuestros mejores
momentos y no había notado el pasar del tiempo. Miré el reloj que había a un
lado del salón y vi que era la una de la tarde, Edward debía estar llegando.
Vi nuevamente el peluche que había entre mis manos y empecé a acariciar
su suave superficie de color mostaza a tiempo que también lo hacía con mi
vientre.
Estaba cansada por el trabajo de las cajas, mis ojos se cerraban solos
si le sumábamos la noche de desvelo que habíamos tenido. No escuché la puerta
abrirse, solo sé que sentí otra mano posarse sobre mi vientre y acariciarlo
suavemente. No me asusté, sabía quien era…
— ¿Cómo están las razones de mi vida? ¿Se han portado bien esta mañana? —yo solo le asentí con la cabeza mientras seguía acariciando mi vientre
abultado, con los ojos casi cerrados. Él dirigió la mirada hacia el viejo
peluche y me miró perplejo—. Al parecer encontraste al Sr. Dedee Tedd; tenía
tiempo sin verlo, amor.
—Me aburrí y decidí ir al ático a arreglar algunas cosas y… —dije antes
de arrepentirme, el se alteraba algunas veces cuando me ponía a hacer
esfuerzos. Me mordí el labio, causando que Edward se abalanzara sobre mí.
—Ya… deja… de… hacer… eso… tengo… mejores… planes para nosotros… —dijo
entre beso y beso.
No dije nada, solo dejé que mis actos demostraran lo que sentía por él,
lo mucho que lo amaba.
—Tenemos que… poner al Sr. Dedee en un mejor lugar, Edw…
—Olvídalo, amor, eso lo… pondremos después —no se dijo más, me dejé llevar por las sensaciones y por Edward, que me
llevaba nuevamente hacia nuestra habitación.
Bieeeeen, solo
espero que no les dé diabetes.
¿Qué tal la
historia? Espero que les haya gustado como para habérsela empezado desde el
inicio y terminado hasta el último punto. Esta historia es una de mis
favoritas, no por los favs, comentarios o alertas, sino porque fue una de mis
primeras primerísimas: de los primeros oneshots que escribí, la primera
dedicación, de las primeras historia que por fin creí que ‘escribí bien’… en
fin. La historia vino tras una conversación sobre peluches –al parecer no tenía nada que hacer– con mi amiga Lmabt, a la cual tengo tiempo sin
contactar -.-
Por cierto, pronto
veré si actualizo con el segundo cap de “Romantico y Sangriento: Mi Angel de la
Muerte” y el cap de “Las Niñas Góticas No Cantan” –no crean que se me olvida
que prometí actualizar esta semana, al menos intentare no pasar del viernes o
sábado– o alguna que otra cosa.
Siento molestar si
nuevamente les apareció una notis de actualización en sus mails o en ciertos
grupos, solo quería que supiesen que esta historia ha sido fenomenalmente
revisada por una de mis betas: Kelly (gracias,
nena).
Por lo general de
mi no se escucha hablar –y créanme que agradezco eso–, pero me gustó mucho que
les gustase la trama. Es mi especialidad,
creo, hacer este tipo de rarezas u.u jajaja
Las quiero mucho. Gracias por leerlo
;)
Nachi
PD: Si lo quieren leer en FF, solo den clic AQUÍ




Lindo!!! ¿Sr. Dedee? Tierno.... :* :3
ResponderEliminar