domingo, 23 de septiembre de 2012

Las Niñas Góticas No Cantan - Capítulo 10


Disclaimer: Los personajes no son míos, sino de Stephenie Meyer. Solo la trama me pertenece.
Summary: Bella es la chica nueva del piercing en la lengua, la rara, rebelde y gótica del colegio, nadie sabe nada de ella, nadie la toma en cuenta hasta que… "¿Me creerías si te dijera que soy una cantante mundialmente famosa?" ExB, AU, OoC.
N/A: Sí, sé que todavía esperan el cap 13 que les debo, lo tengo guardado y esperando a ser publicado, solo que he decidido editar y betear el fic. Lo que me recuerda que debo agradecer a mi beta por la ardua labor de ordenar y quitar los horrores que poseía el fic :)

Capítulo beteado por: Kelly Escobar, Beta (FFAD)

LAS NIÑAS GÓTICAS NO CANTAN
“Son Piercings, ¿Y Qué?”

La niña caminaba perdidamente por las viejas y agrietadas aceras del parque al mismo tiempo que abrazaba un viejo oso de peluche, miraba perdidamente a todos lados mientras llamaba a gritos a sus padres que no respondían ni volverían a responder.
A sus espaldas resplandecientes luces se alzaban, la niña volteó levemente y pudo ver casi en cámara lenta como un montón de personas se movían nerviosas alrededor de la hoguera. Movió repetidas veces la cabeza hacia el lugar lleno de personas que gritaban enérgicamente y luego hacia la larga acera del parque que se extendía hasta desaparecer de las luces y se ocultaba entre las penumbras de la oscura noche. Apretó su viejo peluche contra su pequeño pecho cuando recordó a su madre gritando para que saliera de su casa al tiempo que una pequeña y solitaria lágrima escapaba de la comisura de sus ojos. Se sentó junto a una chirriante banca mientras se abrazaba las piernas con sus delgados brazos e ignoró todo a su alrededor, incluyendo que un oscuro ser que caminaba sigilosamente entre la espesa niebla nocturna, justo hacia donde se encontraba ella…
— ¡Bella! ¡Despierta maldita sea! se nos hace tarde… —escuché a Vivi gruñir mientras me zarandeaba furiosamente por los hombros.
Actué rápido y le di un buen empujón, al parecer cayó en uno de los sillones; y me acurruqué nuevamente entre las negras cobijas con dibujitos de  guitarras eléctricas en color violeta, pero esta vez de pies a cabeza, sin dejar ninguna parte del cuerpo afuera.
—Esto no se quedará así estúpida, ya verás… —la escuché refunfuñar al tiempo que yo sacaba de entre las mantas mi mano para mostrarle mi dedo del medio. Ella lanzó un chillido de frustración.
Se fue refunfuñando como lo había hecho últimamente. En los últimos días habíamos estado algo ''sensibles''.
Después de la escenita de mi madre, habíamos intentado no hacer notar mucho las nuevas adquisiciones, pero nuestros planes se vieron interrumpidos cuando, horas después de la discusión, las partes que nos habíamos perforado se fueron inflamando hasta el punto de que nuestros rostros parecían panales llenos de miel, estábamos irreconocibles, cosa que tampoco evitó que el padre de Vivi lanzara un grito al cielo cuando la vio por medio de una conversación con webcam.
Gracias a Dios, y a los remedios de Reneé, nuestra hinchazón solo duró cinco días, desde el domingo hasta ayer, viernes. Habíamos tenido la suerte de sobrevivir los cinco días de sufrimiento a base de consejos de Charlie, ungüentos, sopas y popotes para poder tomar jugos.
Había sido terrible, horriblemente terrible. La sopa sabía casi a cartón porque no podíamos comer o tomar cosas condimentadas, además de que mayormente tomábamos solo agua. Era espantoso sentir como mi estómago retumbaba por las noches pidiendo algo de comer. La única que había aprovechado los cinco días sin comida era Vivi, que se había contentado el viernes por la mañana cuando vio que había rebajado los kilitos que tenia de más, ella sabía que no podría soportar hacer ejercicios, se cansaba fácilmente…
En algún momento de la semana de sufrimiento llegué a pensar que nos convertiríamos en anoréxicas. Esa ''dieta de comidas livianas'' no servía para nada, solo había logrado aislarnos un poco del mundo del espectáculo, algo que realmente extrañábamos.
Me había hecho otro cambio, del cual no me arrepentía tanto; había cambiado los mechones violetas de mi cabello a unos azules eléctricos iguales a los de Vivi, lo que hizo que esta saltara como loca por casi dos horas seguidas. Nuestros nuevos cambios habían provocado que nos sintiésemos demasiado ansiosas por salir y mostrar el nuevo look, pero el ogro de mi madre no nos lo tenía permitido.
Habían sido cinco días entre ajetreos. Reneé no había tenido compasión de nosotros en todo lo que duró la hinchazón; según ella, era una especie de castigo por desobedecerla, ¡pero ya que, todo aquello era agua pasada! Todos esos días los habíamos pasado en su estudio, haciendo lo mismo que hacia ella una y otra vez: medirnos ropas de marca.
La verdad es que no le veíamos nada interesante, necesario y productivo andar por ahí mirando tela. A nosotras no nos llamaba la atención ninguna en especial, todas eran iguales.
— ¡Aaaaaaah, te voy a matar Vivian Jones! ¡Estás en serios problemas! —Chillé a todo pulmón mientras desenredaba las frazadas de mis piernas y salía de un salto de la cama que estaba toda salpicada de agua fría—. ¡Mira lo que le has hecho a mis frazadas favoritas!
—Por Dios Bella, tu y yo sabemos perfectamente que no te importan —le lancé una mirada furibunda—. Ok, si te gustaban, pero que conste que te lo advertí; tienes que salir, Reneé esta que hecha humos de tanto estar esperándote.
— ¡Argh, no las soporto cuando se ponen de acuerdo en algo! —vociferé mientras tomaba algunas de mis cosas y entraba al baño. A lo lejos pude escuchar su risa burlona.
Media hora después estábamos en el estudio de mi madre intentando convencerla de que podíamos hacer mi fiesta con todas las personas vistiendo ropa informal. Pasó alrededor de una hora hablando sobre las reglas de etiqueta hasta que llegó Charlie con todas las cosas que había pedido Vivi, haciendo que mi madre se enojara y saliera enfurruñada del estudio.
Estuve parte de la tarde degustando algunos de mis platillos favoritos junto con Vivi sentadas sobre la isleta de la cocina mientras el teléfono sonaba como loco advirtiendo unas cuantas llamadas de viejos amigos.
—Ey, Bells, ¿cómo te ha ido? Feliz cumple…
—Ya te dije que no me gusta que me llamen así, Matty —le dije a mi amigo Matthew, acentuando la última palabra y escuchándolo gruñir. Sabía que odiaba que le dijeran así.
—Está bien, está bien, calma fierecilla. Solo llamaba para felicitarte, por fin tendrás más libertad, un día de estos nos vamos de gira juntos, ¿te parece?…
—Claro, solo déjame hacer algunos arreglos con mi manager y esperar a que termine mi tiempo de descanso, ya sabes lo extenuante que resultó la última gira, —le dije con mucha alegría al tiempo que veía a Vivi atorarse con un pedazo de pizza y hacerme gestos, diciéndome que no me dejaría ir si no iba con ella—. Por cierto, ¿Dónde estás?
—Estoy Londres, disfrutando mi descanso al igual que tu —me dijo divertido sabiendo que me iba a enojar con él.
— ¿Así que descartas la fiesta de tu amiga por tu aburrido descanso? Ok, Matthew Bellamy, ya verás, me voy a vengar… —y colgué antes de que tuviese oportunidad de contestarme. Había que hacerlo sudar un poco. Vivi y yo nos miramos y empezamos a reírnos como locas.
— ¿Estas consciente de que le voy a hacer la vida imposible, verdad Vivi?
—Sí, solo espero que no lo dejes estéril porque nos va a matar su esposa —susurró lo último para después reírnos de nuevo.
Después de esa llamada el teléfono siguió sonando y nosotras lo ignoramos. Le conté sobre el sueño que había tenido hoy, lo que increíblemente nos inspiró y terminamos escribiendo una nueva canción.
Pasamos el resto tarde buscando ritmos para nuestra nueva canción junto con Charlie, que se había ofrecido a ayudarnos, hasta que fueron las diez de la noche, hora en que inició la fiesta.
La casa estaba llena, había gente por todos lados, seguramente eran más de doscientos invitados, algo que no era extraño sabiendo quien los había invitado; Reneé. La mayoría de los invitados ni los conocía, tal vez por rostros, ¿pero de nombres? Ni borracha…
El salón estaba iluminado con luces purpuras y varios colores oscuros, dándole un toque a la fiesta de lo más raro. La parte delantera de la casa estaba que rebosaba de periodistas que se empujaban entre sí para intentar forzar la entrada y tomar unas cuantas fotos.
Me quedé mirando a Vivi, que se acababa de ir del brazo de Reneé en busca de algunas cosas que no recuerdo cuando…
— ¡Oh, pero mira a quién tenemos aquí, nuestra hermosa cumpleañera!—escuché gritar alegremente a la muy hipócrita de Cindy, la chica que se encargaba de organizarnos las conferencias de prensa.
Le di una sonrisa desdeñosa antes de mirarla oscuramente hasta hacerla tragar seco— a mí también me agrada verte, Cindy. ¿Qué hace una rata de sótano por aquí en la terraza?…
—Ey, pero si nos vemos muy a menudo… —siguió hablando sin saber que la ignoraba. Yo estaba perdida en mis pensamientos mientras veía las coloridas luces moverse rápidamente por el gran salón al tiempo que los invitados se movían al ritmo de la música, con bebida en mano. Todo estaba tranquilo hasta que…
— ¡Oh mi Dios! ¿Es eso lo que creo que es? —escuché exclamar a Alex, el baterista de mi banda, junto a algunos de sus amigos.
— ¿Qué cosa…? —escuché a Roxanne hablar perdidamente mientras daba un sorbo a su refresco y se nos acercaba—. ¡Oh, Dios! ¿Qué son esas… cosas, Bella?
—Pues lo que ves, son piercings. Escúchalo bien: P-I-E-R-C-I-N-G —dije remarcando lo último.
Apenas dije aquello escuché alegremente como una ola de jadeos me rodeaba abruptamente.
— ¿Qué? ¿Tengo monos en la cara? —dije con una sonrisa altanera mientras apretaba la placa de policía que me había abrochado al pantalón.
—No, nada, no ha pasado nada, verdad Roxii… —dijo Alex nervioso.
— ¿Qué? ¿Acaso estas de coña, verdad? ¿Sabes cómo va a responder la prensa ante este… cambio? —chilló escandalizada—. Tus fans van a querer imitarte y sus padres no se lo querrán permitir, ¡perderás popularidad!
—Ey, Roxanne ¿tanto te molesta mi apariencia? ¡Es un solo cambio, eso a nadie le importa! —Le dije mirando los mechones azules de mi cabello—. Soy libre de hacer lo que quiera con mi cuerpo, me importa un pito lo que los padres piensen. Si mis fans quieren seguirme, pues que lo hagan. ¿Quién soy yo para decirles que no? —la miré encolerizada—. Me da igual si soy popular o no, soy cantante porque me gusta cantar. ¿Acaso tu si quieres ser popular? Bien, ve a un discográfica, un prostíbulo, a una revista o no sé donde, y pide que te pongan a cantar para “ser famosa”.
—Oh, Bella. Yo no quise decir eso, yo… —sabía lo que iba a decir, así que la corté.
—Sé que no quisiste decirlo, cariño —sonreí angelical mientras veía como suspiraba ya más calmada, pensando que no haría nada al respecto—. ¿Sabes qué? ¡Olvídalo, estas despedida, zorra! —siseé dándome la vuelta.
.::O::.
No pasó mucho tiempo y empecé a sentirme más hiperactiva, hice un montón de bromas junto a Vivi hasta que esta se excusó alegando que debía acostarse temprano para tomar sin inconvenientes el vuelo de mañana. Después de eso se me fueron bajando los ánimos, pero unos minutos después llegó Alex con unos vasos con refrescos.
— ¿Qué tienen ahí? —demandé al ver que los vasos no eran del mismo color que los de la fiesta.
— ¿Qué crees que es? ¡Pues cerveza! —dijo como si fuese lo más obvio.
Nunca había podido tolerar la cerveza, la había probado, pero no me gustaba mucho. Además aunque había cumplido la mayoría de edad, no me sentía lo suficientemente preparada como para empezar a beber alcohol.
—No quiero —dije alejándome.
—Oh Bella, pero si solo es un traguito; no te pedimos más, solo eso, ¿ok? —me retó Alex.
Di el primer trago, no es que me hiciera efecto tan rápidamente, pero si puedo asegurar que me sentí como si me hubiesen inyectado agua congelada en la sangre. La sensación de adrenalina corriendo por mis venas era conocida, era adicta a ella, así que seguí la corriente.
— ¡Vamos Bella, otro vaso más, sabes que puedes! —escuchaba a mi alrededor
A lo lejos solo escuchaba una de ola de ‘‘¡Vamos, Bella! ¡Tú puedes! ¡Cobarde!...''
Miré perdidamente el vaso con cerveza que me tendía Alex y sin pensarlo se lo arrebaté de las manos para tomar el contenido en solo cinco míseros tragos.
Después de ese primer trago le siguieron muchos más. Me empecé a marear y a perder la conciencia cuando iba por el décimo. De ahí no recuerdo mucho que digamos, solo sé que empecé a bailarle a Alex y poco a poco mis pasos fueron cambiando a unos mas provocativos hasta que…
— ¡Isabella Marie Swan, que rayos está pasando aquí!
¡Oh, demonios! Creo que estoy en serios problemas…
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Las Niñas Góticas No Cantan - Capítulo 9


Disclaimer: Los personajes no son míos, sino de Stephenie Meyer. Solo la trama me pertenece.
Summary: Bella es la chica nueva del piercing en la lengua, la rara, rebelde y gótica del colegio, nadie sabe nada de ella, nadie la toma en cuenta hasta que… "¿Me creerías si te dijera que soy una cantante mundialmente famosa?" ExB, AU, OoC.
N/A: Sí, sé que todavía esperan el cap 13 que les debo, lo tengo guardado y esperando a ser publicado, solo que he decidido editar y betear el fic. Lo que me recuerda que debo agradecer a mi beta por la ardua labor de ordenar y quitar los horrores que poseía el fic :)

Capítulo beteado por: Kelly Escobar, Beta (FFAD)

LAS NIÑAS GÓTICAS NO CANTAN
“Reacciones”


Reprimí un leve gemido al sentir mi lengua palpitar dolorosamente. Ya se estaba hinchando, y ni mencionar las cejas, a este punto mis padres pensarían que me había peleado de no ser por el maldito piercing…
El camino de regreso a casa había sido silencioso, Vivi no había mencionado palabra alguna, pero sabía que seguramente estaría pensando en su nueva deuda.
Me reí para mis adentros mientras me levantaba del sillón púrpura en donde Vivi y yo reposábamos desde que habíamos llegado.
— ¿Para dónde crees que vas, Bella? —me dijo mientras se inclinaba para tocarse la ceja casi hinchada.
—Pues, voy a levantarme ¿no ves?... —le respondí rodando los ojos y abrochándome la placa de policía que le había arrancado al policía la noche anterior y que habíamos estado observando durante las últimas dos horas.
—Vale, te acompaño —me dijo mientras me pegaba amistosamente en el hombro.
Vi como se esforzaba para levantarse del sillón en el que se había quedado totalmente hundida y tuve que contener mis ganas de reír, ella siempre había sido muy cómica cuando intentaba levantarse de ese sillón, pero sabía que era mejor no reírse a menos que buscara un ojo morado.
—Bella… sé que te quieres reír, pero por favor… ayúdame a levantarme —murmuró seria, terminó la frase haciendo uno de esos pucheros que eran capaces de derretir el hielo.
—Ok, ya te ayudo —tomé su mano y di tal tirón, que en poco segundos nos encontrábamos en el suelo destornillándonos de la risa.
Nos levantamos todavía riéndonos, y quedamos justo frente al espejo de cuerpo entero que había en mi habitación.
—Oh, oh… estamos en serios problemas… —susurré mientras me examinaba la pequeña hinchazón que había empezado a aparecer desde hacía dos horas atrás.
—No lo dudo, tía Reneé nos va a matar al ver los piercings —dijo ella tocándose el labio inferior en donde tenía el pequeño aro.
—Sí, nos va a colgar —le dije con tono burlón mientras sacaba la lengua para ver el piercing en el espejo—. ¿Cómo crees que reaccionen? Digo… sé que regresarán hoy, pero… ¿Cómo les daremos la noticia?
—No me lo preguntes, ¿acaso tengo cara de planear? —me dijo burlonamente y mirándome con sus grandes ojos verdes, que contrastaban con las gruesas líneas causadas por el delineador negro que siempre usábamos para nuestros conciertos, a este punto ya no nos era necesario usar tanto delineador, pero si usábamos algunas sombras negras alrededor de los ojos. Habíamos tomado ese estilo de Gerard Way, otro amigo que conocimos por nuestra inusual carrera; él era vocalista de la banda My Chemical Romance*—. Ya veremos cómo se lo toman, tu solo tranquilízate, ellos no podrán hacer nada para quitárnoslos.
Justo al decir eso, mi mente voló a lo lejos y pude imaginarme la reacción de Reneé.
¡Todo esto terminaría en una masacre!
Me mordí suavemente la lengua ante la posible reacción de Reneé; Charlie no iba a ser tan difícil, pero sabía que si Reneé se ponía en nuestra contra, él también lo haría. Ella siempre había querido que Vivi y yo tuviésemos una piel sedosa y brillante, con nada de esas ''porquerías'', como llamaba a los piercings, incrustadas en nuestras pieles.
No me di cuenta de que estaba presionando tanto mi lengua hasta que sentí un pequeño hilillo de sangre escaparse de esta, seguido de una aguda punzada de dolor.
— ¡Maldición!, ya no aguanto más. ¡Vivi, sabes que Reneé nos va a matar con solo ver el piercing en nuestras cejas! ¿Es que no se te ocurrió nunca pensar en eso? —exploté haciendo que Vivi diera un salto.
—Claro que lo imaginé. Por cierto, te debo mil dólares. Además… ¿no crees que valieron la pena? —abrí los ojos como platos ante sus palabras, ella solo se rió—. ¡Oh, diablos! ¡No me digas que estás asustada, pensé que te gustaba hacer enojar a Reneé tanto como a mí!
—Es obvio que me gusta hacerla enojar, Vivi, ¿pero es que no te das cuenta de quien hablamos? ¡Es Reneé, demonios! —seguí gritando y moviendo las manos como loca.
Nunca había estado tan nerviosa como ahora, ni siquiera para nuestro primer concierto, pero esta situación rebasaba los límites de la cordura, ¡estaba totalmente histérica!
Sentí como Vivi me tomaba las manos por la espalda y me hacia una llave de lucha. Detestaba que hiciese eso, pero por otro lado, le agradecía.
—Ya te dije que te tranquilizaras. Ya lo pasado es pasado, solo es cosa de enfrentarnos a las consecuencias de nuestros actos, y por lo que recuerdo, ¡yo no te puse un arma en la sien para que aceptaras esta apuesta! Deja que Reneé se vaya al carajo, ¡nosotras gozamos nuestra vida a nuestro gusto!
Me soltó las manos suavemente y yo aproveché para darle un abrazo.
—Siento mucho haberme comportado así. Tienes razón, ¡a la mierda con Reneé y sus prejuicios! —Le susurré el oído—. Ahora, ¿por qué no vamos por otras compresas de hielo? Mi lengua que me está matando, de hecho, siento que se está auto mutilando. Dentro de poco empezará a hincharse, sé que apenas nos los pusimos hace dos horas, pero ya son las cinco de la tarde, es domingo y recuerda que Reneé y Charlie no tardarán en llegar.
Apenas deshicimos nuestro abrazo, apagamos las luces de la habitación, dejándola sumida en las sombras de sus paredes pintadas de gris y negro, y bajamos corriendo hasta la cocina.
Abrimos el refrigerador y sacamos las primeras tres bolsas de hielo que vimos, las preparamos con unas toallitas y las pusimos en los lugares que iban inflamándose lentamente. Nos habíamos sumido en un cómodo silencio, pero este se vio interrumpido con la inesperada risa de Vivi.
— ¿Y ahora que te dio, te tildaste? —me burlé.
—No, para nada, es solo me que me estoy acordando de la chica plástica de ayer —volvió a reírse—. Le diste su merecido.
—Sí, pero creo que las chicas que la acompañaban se amedrentaron con lo que les dijiste, ya sabes; ''Vuelve a acercarte y te pasará algo peor'' —le dije, riéndome e imitando su voz.
—Ah, pero a mí me gustó lo del inicio, eso del ''Pero que te crees niñata, ¿que eres mejor que yo? Ah, espera, creo que ganaste un premio ¿si, verdad? Fue el premio a la chica más idiota y perra del año; primer lugar. Vaya, felicidades…''—esta vez ella imitó mi voz.
Solo bastó con que ella dijera eso y empezamos a reírnos a plenas carcajadas hasta que nos dolió el estomago y escuchamos a lo lejos un auto estacionarse.
La risa que minutos atrás inundaba la habitación se detuvo abruptamente. Nuestras sonrisas se escurrieron.
Tragamos audiblemente, nos miramos unos segundos y dejando las compresas en la isleta de la cocina corrimos hacia las ventanas de enfrente para ver quien se estacionaba en el jardín. No necesitábamos ser adivinas para saber que eran Reneé y Charlie, ¡la hora de juicio nos había llegado!
Vimos a lo lejos como mis padres bajaban del auto y caminaban hacia la puerta principal de la casa.
¿Y que hicimos nosotras…?
Pues no esperamos más, salimos corriendo nuevamente hacia la cocina y tomamos las compresas. Vivi se puso una lo suficientemente grande como para tapearle el piercing de la nariz, labio y ceja. Yo improvisé un poco tomando una para mi ceja y otra para ponérmela en la mejilla, presionando lo suficientemente fuerte y suave, como para que el frío de los hielos llegara a mi lengua, que parecía estar a punto de partirse en dos.
Escuchamos un rechinido casi sordo de la puerta del salón al abrirse lentamente, mis padres venían hablando sobre un tal Vladimir que no habían vuelto a ver desde hacía un tiempo. Nosotras, por supuesto, los ignoramos y empezamos a improvisar una pequeña discusión sobre el auto de Vivi mientras sosteníamos firmemente las compresas de hielo.
Charlie y Reneé pasaron de largo, aunque creo que en realidad, no nos habían visto. Nos asomamos en la esquina del muro de la cocina y vimos como subían las escaleras mientras reían y se besaban. Hicimos señal de asco y suspiramos aliviadas mientras pequeñas gotas de sudor bajaban por nuestras frentes.
Caminamos sigilosamente por el pasillo, nos sentamos en el sillón del salón y encendimos la tv. No hicimos nada más que agarrar las compresas, que ya se estaban derritiendo poco a poco.
Miré el reloj de mi muñeca y vi que solo habían pasado veinte minutos, pronto escuchamos los pasos de mis padres. Vivi no hizo nada, solo me lanzó una mirada cargada de nervios mientras que yo me proponía mantener la calma y la serenidad, algo que nunca lograba ante una situación como esta.
Sentí como poco a poco la esencia de Charlie invadía el salón. ¿Cómo lo sabía? No tengo respuesta a esa pregunta; pero solo tengo que decir que simplemente cada vez que Charlie se acercaba se podía sentir un ambiente ligero, de alguien divertido, raro, serio… era como entrar en un campo minado y saber exactamente sonde estaban las minas. Cuando se estaba con mi padre se podía sentir la alegría, pero también la seriedad; la ternura, pero también la superioridad. Era algo… extraño.
Charlie se sentó en el sillón de una plaza que estaba al lado, miró la televisión un rato y pocos minutos después nos lanzaba una miraba divertida, él debía de suponer alguna cosa. Podía ver un mar de preguntas que se acumulaban en su mirada…
— ¿Qué les pasó? —preguntó mirándonos divertido—. ¿Tuvieron una pelea en el centro de detenciones?
—Para nada, estamos perfectamente bien —dije nerviosamente, sabía que pronto empezaría a asaltarnos con tantas preguntas que llamaría la atención de Reneé, ésta vendría, nos miraría, se daría cuenta y…
—Sí, perfectamente bien. Perfectamente bien, no hemos hecho nada malo… —murmuró Vivi mientras tragaba audiblemente y sudaba frío.
Si tenía claro algo, era que nunca lográbamos ocultar los problemas, nos poníamos demasiado nerviosas. Normalmente mentíamos y nadie se daba cuenta; éramos buenas actrices, pero en casos como este, en los que ocultábamos un serio y notable problema nos poníamos nerviosas y nos delatábamos nosotras mismas.
—Con que no han hecho nada malo, ¿eh? —nos observó con una sonrisa traviesa que nos producía pánico, pronto se sabría la verdad y estallaría la tercera guerra mundial.
Vivi asintió ante su pregunta, pero yo no lo resistí más. Sabía que de todas maneras, tarde o temprano, ellos se darían cuenta y nos meteríamos en problemas si o si…
—Está bien, está bien, lo admito —grité, soltando la compresa y arrodillándome a uno de los lados del sillón en donde se encontraba mi padre, quien tenía una sonrisa triunfante tatuada en su rostro—. Nos escapamos en el mediodía, después de que ustedes se fueran, y fuimos a un lugar donde hacen perforaciones; nos hicimos tres cada una, llegamos alrededor de las tres de la tarde. Por favor, te lo ruego papi, no nos metas en problemas —terminé haciendo un pucherito que hacía cuando era niña, nunca se resistía a los encantos de su nena…
Escuché a Vivi reírse quedamente, a veces disfrutaba mis berrinches.
Él me miró con ternura y le sonrió a Vivi, que hasta ese momento no sabía que había imitado mis movimientos. Nunca se podría resistir a mis pucheros, esa había sido otra de las razones por las que no había seguido con su carrera de cantante y empezado tiempo después con su nueva empresa, donde conoció al padre de Vivi; justo antes de que nosotras nos conociéramos…
—No pasa nada, juro que las defenderé ante Reneé, pero ahora díganme dónde se los pusieron, ya quiero verlos —dijo muy emocionado. Me sonrojé un poco.
Bien, sabía que mi padre era extraño y casi flipado, ¡pero no me esperaba algo así!
—Bueno, yo me puse dos en la ceja derecha y otro en la lengua. Vivi se puso uno en la nariz, otro en el labio inferior y otro en la ceja derecha…
Él se nos quedó mirando un segundo y de repente dio un salto de emoción.
—Me gustan los lugares donde se los pusieron, pero tengo que decir que me hubiesen gustado más negros y redondos. Hija, sabes que debes cuidar bastante el de la lengua, ¿verdad? —mi padre habló mientras tomaba mi barbilla con su dedo índice y pulgar. Yo asentí, no sin antes tener cuidado de no lastimarme la lengua—. Eso me encanta, que bien que se hicieron esos piercings, yo no hubiese escogido mejores lugares.
Vivi me miró extrañada y yo le devolví la mirada. Ambas estábamos confundidas de pie a cabeza.
— ¿Pero no estás enojado? —susurró Vivi, mirándolo con la duda plasmada en los ojos.
— ¡Pues está claro que no! ¿Qué tipo de estrellas de rock serían si no tienen algo tradicional? Es un honor que sigan mi ejemplo…
Me puse seria. No todas las estrellas de rock tenían piercings, ¿o sí?
— ¡¿Tú tienes un piercing?! —gritamos haciendo que Charlie saltara.
—Tengo uno en la lengua, al igual que Bella, pero es de color gris, casi transparente —nos confesó y después nos sacó la lengua, mostrándonos la prueba.
Vivi y yo nos abrazamos y saltamos de emoción mientras mi padre reía por nuestra chistosa escena, rara vez nos permitíamos ser vistas de esta manera. Pero todo se fue a la mierda cuando escuchamos la voz de… mi madre.
— ¿Qué es lo que tanto celebran? —dijo con desdén. Sabía que todavía estaba enojada por el escándalo que habíamos armado ayer por la noche.
Con solo escuchar su voz detuvimos nuestra celebración y la miramos perplejas.
—No, nada, solo… — dije atropelladamente, pero me vi interrumpida por sus palabras.
— ¿Qué es eso que tienen allí…? —sus palabras se fueron desvaneciendo hasta perderse en el aire.
Vi como Reneé se nos acercaba lentamente y se detenía frente nosotras, mirándonos con detenimiento.
— ¿Cuando se pusieron esos piercing? —gritó, su cara estaba totalmente roja. A lo lejos vi como mi padre la tomaba por los hombros e intentaba calmarla, pero ella se lo sacudió de encima y nos señaló—. Se atrevieron a escaparse de su castigo, ¿no es así?
—Er, mamá, yo… nosotras… nosotras estamos arrepentidas, nos dejamos llevar por la situación.
— ¿Cómo pudieron? Justo cuando pensé que mis niñas no podían decepcionarme más de lo que lo habían hecho ayer… —gritó herida y colérica, negando con la cabeza—. Esto no se los perdono…
Sabíamos lo que sus últimas palabras significaban; mi madre era muy rencorosa y eso lo sabíamos claramente, pero lo habíamos ignorado hasta el momento. Dejamos caer nuestras cabezas, totalmente arrepentidas, y vimos de reojo como Reneé iba a darse la vuelta para irse cuando Charlie la tomó nuevamente por los hombros y la volteó…
—Reneé cálmate. Las chicas están arrepentidas, intentaron explicarte, ellas se dejaron llevar por la situación. Son solo adolescentes.
—No me vengas con ese cuento, Charlie, eso ya no te lo creo ¿es que acaso creen que soy lo suficientemente ignorante como para no darme cuenta de que esta fue otra de sus malditas apuestas?
—Tía, yo… yo tengo la culpa, yo hice la apuesta. Bella… Bella no tiene la culpa —vi como Vivi se ofrecía para el castigo, no podía dejarla sola, estábamos juntas en esto.
—No madre, fui yo quien la propuso, fui yo quien acepté, fui yo quien…
—Tú cállate, yo no te conozco, pensé que eras mi pequeña, pero parece que la fama te está afectando, eso es…
Vimos como mi madre apoyaba su cabeza en el hombro de mi padre y lloraba desconsoladamente. Mi padre nos miró con los ojos cargados de un sentimiento extraño y le susurró algunas cosas al oído…
—Amor, sabes que ya esperábamos esto; son unas adolescentes y deben aprender de sus errores; ya van a ser mayores dentro de poco. Mira que Bella cumple su mayoría de edad el próximo fin de semana. Por favor cariño, compréndelas…
—Pero yo… ellas… ellas están cambiando y no lo puedo evitar… ellas son mis hijas, Charlie —sollozó mi madre, mirándonos acurrucada entre los brazos de Charlie.
Sabía que con ''hijas'' se refería a Vivi y a mí; ella nos quería por igual y desde que nos habíamos enterado que la madre de Vivi había muerto ella la había querido como una hija, como la que nunca me pudo dar como hermana. Ella se sentía culpable y nos quería demasiado, nos quería tanto que no quería perdernos… Fue en ese entonces que lo entendí, ella solo se comportaba así por el miedo que le infringía nuestro cambio, pensaba que si cambiábamos nos alejaríamos de ella y no querríamos verla más…
—Mamá, sabes que nunca cambiaremos, siempre seremos tus nenas. Mira, si quieres castíganos, quítanos nuestras cosas más preciadas; es más, pasaremos unos cinco días encerradas en casa y con las bocas hinchadas, puedes aprovechar para contarnos todo tipo de cuentos. Incluso te dejaremos organizar mi fiesta de cumpleaños, lo prometemos, pero por favor, perdónanos…
—Sabes que te queremos, eres una madre para mí, la que nunca pude conocer. Sé que donde quiera que esté, mi madre estará feliz porque he encontrado a una que también me quiere —bien, eso no me lo esperaba, Vivi tenía mucho tiempo sin hablar de su madre biológica, ella evadía siempre temas como esos… era extraño escucharla hablar sobre ella—. Te queremos Reneé, nunca cambiaremos, lo prometemos. Por favor…
Para este entonces ya estábamos llorando, algo que teníamos tiempo sin hacer, la decisión había sido difícil, pero más difícil hubiese sido pasar mucho tiempo sin nuestra madre, y digo nuestra, porque para Vivi, mi madre era suya también. Éramos una familia.
— ¡Oh, mis nenas! —sollozo Reneé, pero esta vez de alegría, mientras se separaba de los brazos de mi padre y nos daba un abrazo a ambas.
—Hey, no me dejen por fuera… —se quejó mi padre, aunque sabía que solo lo hacía como excusa para abrazarnos.
Desde ahora solo nos quedaba clara una cosa; no volveríamos a hacer enojar a Reneé por un buen tiempo, ya que las reacciones y Reneé eran una malísima combinación…
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Las Niñas Góticas No Cantan - Capítulo 8


Disclaimer: Los personajes no son míos, sino de Stephenie Meyer. Solo la trama me pertenece.
Summary: Bella es la chica nueva del piercing en la lengua, la rara, rebelde y gótica del colegio, nadie sabe nada de ella, nadie la toma en cuenta hasta que… “¿Me creerías si te dijera que soy una cantante mundialmente famosa?” ExB, AU, OoC.
N/A: Sí, sé que todavía esperan el cap 13 que les debo, lo tengo guardado y esperando a ser publicado, solo que he decidido editar y betear el fic. Lo que me recuerda que debo agradecer a mi beta por la ardua labor de ordenar y quitar los horrores que poseía el fic :)

Capítulo beteado por: Kelly Escobar, Beta (FFAD)

LAS NIÑAS GÓTICAS NO CANTAN
“Agujeros + Dolor = Piercings”

Di un pequeño carraspeo. Vivi se había quedado como boba mientras miraba al tal Daniel, que tampoco le quitaba los ojos de encima; tenía que intervenir…
— ¿Mmm, Daniel? —El interpelado me miró como respuesta, brindándome su atención —Mira, queremos hacernos algunas perforaciones, ya elegimos los aretes… ¿te molestaría decirnos donde podemos hacernos las perforaciones? —hacía un tiempo había visto la dirección de este sitio de tatuajes y perforaciones durante los siete días de la semana, pocos locales que hacían perforaciones estaban abiertos los domingos, como hoy.
—Claro, con mucho gusto. Solo síganme —dijo mientras le daba una última mirada a su hermana y dio media vuelta para caminar hacia un pequeño pasillo.
Entramos en una habitación donde había una camilla —que, por cierto, era muy parecida a las de los dentistas— y unas cuantas sillas forradas en un cuero gris que contrastaba con las paredes color purpura de la habitación.
— ¿Quién va primero? —ninguna de las dos respondió, pero Vivi me señaló—. Está bien, acomódate allí —señaló la camilla—. Regreso en un momento, voy por el hielo y la anestesia —se volteó hacia la puerta y salió a paso lento mientras lo escuchaba decir algo—. Jane, tráeme seis agujas quirúrgicas para las chicas…
Pocos minutos después me encontraba sobre una camilla y con una pequeña bandeja junto a la cabeza. Vivi reposaba sobre una de las sillas, escuchando música de su iPod, seguramente escuchando algunas canciones de Radiohead que habíamos descargado la semana pasada.
—Vamos a iniciar contigo. ¿Dónde quieres los piercings? —me preguntó Daniel, mirándome como si quisiese leer mi mente.
—Mmm, quiero un piercing en la lengua y otros dos en la ceja —murmuré quedamente, mirando las agujas que estaban sobre la bandeja.
—Ok, iniciaremos con la ceja y después la lengua ¿en qué ceja los quieres?
Después de darle unas cuantas instrucciones, y con una parte de mi ceja izquierda dormida, ya tenía dos piercings trabados en la ceja derecha. No me había dolido nada, mejor dicho, me sentía estupenda, llena de la adrenalina que corría por mis venas. Daniel quitó unas pequeñas gotas de sangre que habían rodado después de la perforación al tiempo que Vivi pegaba un ligero grito.
— ¡Te quedó genial! ¡Combina contigo!
—Coincido con Vivi. Ahora, chúpate este hielito y cuando termines me avisas; tengo que ir por la aguja quirúrgica número dieciocho que Jane acaba de olvidar… —volvió a irse, esta vez meneando la cabeza.
Seguí las instrucciones y poco a poco dejé de sentir la lengua, le hice señas a Vivi para que llamara a Daniel, que casi llegó por arte de magia.
— ¿Ya hizo efecto? La verdad es que eso no sirve de mucho, después de todo te pondré un poco de gel anestésico; no sé ni para que usé el hielo —me explicó mientras que lo último lo decía por lo bajo y riéndose—. Pero dime, ¿en dónde lo quieres? ¿Más atrás, en la punta de la lengua o término medio?
Mi lengua había perdido un poco el sentido, pero aun así me las arreglé para explicarle con señas en donde lo quería.
Después de ponerme un gel alrededor de la lengua, me la sostuvo con una pinza súper grande. Lo que vino no me lo esperé, Vivi me había dicho que contara hasta diez, pero antes de que la anestesia hiciese efecto y de que terminara de contar mentalmente, Daniel ensartó rápidamente la aguja en mi lengua, seguida del piercing color negro acero que había escogido unos minutos atrás. Había dolido un montón, no había gritado por miedo a asustar a Vivi, pero había sentido las lágrimas acumularse en mis ojos. Por suerte nunca llegaron a salir.
—Supongo que Vivi no se hará ninguna perforación en la lengua… —miró a Vivi, que asentía lentamente con la cabeza—. Así que esto va solo para ti; tendrás la lengua hinchada por una semana, cinco días cuando menos, por lo que te recomiendo que  compres varias cajas de vasos con pitillos para que puedas alimentarte. No comas nada condimentado en esta semana, nada de colorante, alcohol, salado, picante o cualquier cosa que tenga un sabor fuerte, solo consume líquidos hasta que se te baje la hinchazón. Y, sobre todo, cuida demasiado tu higiene bucal o tendrás que lidiar con infecciones y… no juegues con el arete o tendrás problemas también.
Asentí suavemente, esto había sido como hacer un juramento o pacto de sangre. Tragué unas cuantas gotitas de sangre e hice una nota mental sobre cada una de las recomendaciones, me levanté para cederle el puesto a Vivi, que se sentó como si no hubiese visto nada.
—Ok, Daniel, quiero un piercing en la ceja izquierda, otro al lado izquierdo de la nariz y otro en la parte izquierda de mi labio inferior… —y siguió hablando tan tranquila como si estuviese pidiendo un helado en un día cualquiera.
Solo me limité a observar como Vivi aceptaba cada una de sus perforaciones y algunas veces apretaba los puños. Sabía que le dolía, seguramente estaba haciendo lo mismo que yo, ocultar las emociones.
Por otro lado, también estaba pensando en la posible reacción de nuestros padres; el padre de Vivi no estaba acá, ella lo volvería a ver el otro domingo, pero Reneé… ¡nos iba a matar!
Aún éramos menores de edad, pero dentro de unos seis días cumpliría mi mayoría. Lo único que tenía que hacer era evitar salir frente a las cámaras, quizás los piercings posiblemente estaban prohibidos en los menores de edad y…
Un jadeo proveniente de Vivi me sobresaltó, le iban a perforar el labio…
Vi como contrajo la cara al sentir la aguja cerca e hice una mueca mientras me tragaba las lágrimas que rogaban por salir. Volví a tragar las pequeñas porciones diluidas de agua con sangre que salían del hielo que había tomado de la bandeja antes de levantarme y sin que Daniel se diese cuenta.
Sentí mi lengua palpitar de dolor y maldije mentalmente a Daniel por haberme puesto el piercing sin que la anestesia hiciese efecto.
¡Rayos, eso había dolido como la misma mierda!
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Las Niñas Góticas No Cantan - Capítulo 7


Disclaimer: Los personajes no son míos, sino de Stephenie Meyer. Solo la trama me pertenece.
Summary: Bella es la chica nueva del piercing en la lengua, la rara, rebelde y gótica del colegio, nadie sabe nada de ella, nadie la toma en cuenta hasta que… “¿Me creerías si te dijera que soy una cantante mundialmente famosa?” ExB, AU, OoC.
N/A: Sí, sé que todavía esperan el cap 13 que les debo, lo tengo guardado y esperando a ser publicado, solo que he decidido editar y betear el fic. Lo que me recuerda que debo agradecer a mi beta por la ardua labor de ordenar y quitar los horrores que poseía el fic :)

Capítulo beteado por: Kelly Escobar, Beta (FFAD)

LAS NIÑAS GÓTICAS NO CANTAN
"Inicios"



Escuché los últimos toques de la alarma del reloj despertador que acababa de estrellar contra la pared mientras me levantaba.
¡Dios, como odiaba ese sonido!
Solté una pequeña risa al ver de soslayo el despertador que me había colmado la paciencia. Era el quinto que reventaba en este mes.
Iba a levantarme cuando, de la nada, sentí unas manos posarse en mi pecho y unos labios en el oído…
—Vamos, Eddie, ¿a dónde te vas tan temprano? —me dijo una voz chillona que hizo que me levantara y provocara su caída. Me reí con ganas al verla enojada.
Solté otra risotada al ver la cara que ponía al mirarme como si fuese una paleta de helado…
— ¿De qué te ríes, Eddie? —recobré mi compostura al escuchar cómo me llamaba, odiaba cuando me llamaban ''Eddie''—. ¿Acaso olvidas que soy tu novia? Me debes respeto y nunca cumples esa parte, pero yo siempre te perdono.
Le lancé una mirada de odio al ver que seguía de terca. ¿Cuándo se le iba a meter en la cabeza que no éramos novios, y que solo compartíamos la cama?
— ¿Qué haces aquí Tanya? —escupí las palabras.
— ¿Qué crees que hago, Eddie? Paso una mañana refrescante con mi novio después de haber tenido sexo toda la noche… —dijo con un tono que ella creía era sexy.
—Entiende que no eres de mi novia de una buena vez Tanya, ¿no entiendes que solo compartimos la cama? Ahora levántate, toma lo que quieras y deja de joderme la paciencia. No te quiero ver cuando regrese —terminé con voz amenazante mientras cruzaba la puerta para salir de la habitación.
Había cometido un gran error al involucrarme con Tanya Denali. La había conocido en una de las reuniones de amigos que hacía Emmett por los sábados y desde entonces no había momento en el que no dejara de arrepentirme de haberle pedido que fuese mi novia. Y aunque las novias no me duraran tanto, esta no se había querido despegar de mí, era como un chicle en la suela de un zapato.
Me la pasé murmurando y gruñendo incoherencias a medida que iba bajando las escaleras para ir al gimnasio privado que teníamos en el segundo piso de la casa.
Abrí la puerta y me encontré a Emmett levantando pesas mientras yacía en una camilla que era demasiado pequeña para su espalda.
¡Genial!, ahora me había quedado sin mi equipo favorito. Refunfuñé mientras me inclinaba para hacer unas 80 lagartijas como calentamiento.
Ignoré a Emmett mientras hacía las primeras 20 hasta que empezó a destornillarse de la risa mientras se ponía más polvo en las manos para que las pesas no se le resbalaran.
— ¿Y ahora qué te pasa? —inquirí un poco enojado, el mal humor todavía no se me pasaba.
—Es que anoche casi no pude dormir porque alguien gritaba ''Oh, sí, Eddie, dale mas…'' —dijo imitando la voz chillona de Tanya para luego terminar en carcajadas. Negué con la cabeza mientras soltaba una risita, mi hermano jamás cambiaría.
No le respondí a ninguna de sus bromas durante las siguientes horas. Sentí un hormigueo recorrerme el cuerpo, como si quisiese sonrojarme, algo que nunca volvería a pasarme desde que me había declarado…
Mi niñez había sido algo extraña; tenía pocos amigos, me hacían demasiadas bromas y era un niño un poco… relleno. Para cuando tenía 16 procuré mejorar un poco mi apariencia, Emmett me dijo que intentara bajar de peso, cosa que logré en poco tiempo. Al principio me resultaba extraño llamar la atención de todos los estudiantes del colegio, en especial de la chica nueva, Irina. Me había enamorado de ella desde el primer día en que la había visto, hice todo por ella y cuando por fin creía ser correspondido y quise declarar mis sentimientos, ella se adelanto dándome una rotunda negativa.
Había sido la última vez que me le había declarado a una chica, desde ese entonces me dediqué a salir con todas las chicas que se me pasaran por el frente, tenía sexo con ellas y las dejaba en el olvido. Pero Tanya se había convertido en una garrapata insoportable.
Mis pensamientos se vieron interrumpidos, tiempo después, por un sonido que retumbaba hasta en las paredes, eso solo advertía una cosa…
Alice se había despertado.
Sí, tengo dos hermanos, somos felices, bueno, no desde que habíamos recibido la noticia de que nos mudábamos de California a un mugriento pueblucho llamado Forks…
Había ocurrido después de regresar de un concierto al que Alice había insistido en que la acompañáramos; no negaba que había sido un éxito, me había encantado y que estuve muy emocionado aquella noche. De hecho, estuve metido en una burbuja cargada de adrenalina hasta que esta fue pinchada cuando Carlisle nos hizo saber que íbamos a mudarnos para “alejarnos un poco de los vicios” —esto refiriéndose más a mí.
En fin, no me quedaba mucho que decir, mañana nos mudábamos, nos quedaba poco tiempo aquí.
Ni siquiera mi hermana Alice había estado de acuerdo con la idea. Ella amaba ir de compras y también ir a los conciertos de la tal… ¿Beta Voltue? ¿Belly Voltoriz? Mmm, creo que no me acuerdo, quizás sea… Bella Vulturi… si, esa. Como decía, ella amaba ir a sus conciertos, las compras y la moda… ¿pero cómo iba a ir de compras en un pueblo en el que seguramente nadie sabía distinguir entre Dior y Chanel?
Aunque debía admitir que me gustaba la idea de alejarme de la zarrapastrosa de Tanya y probar carne nueva. Tanya no me gustaba, era buena follando, pero nada más porque era peor que una lapa cuando se te pegaba.
Por suerte contaba con las bromas pesadas de mi hermana, que siempre estaba a mi lado para espantar a algunas moscas muy pegajosas como Tanya. Y tenía que aceptar que era buena espantándolas, por rara que fuera —porque lo era—, la quería.
Otra risa se escuchó en la habitación. Miré hacia la esquina donde, esta vez, estaba Emmett trotando en la cinta para correr.
— ¿Y ahora que hice? —dijo mirándome inocentemente.
— ¿De qué te ríes ahora?''
—Pues por tu cara, si supieras las muecas que haces cuando piensas —dijo como si fuera lo más obvio.
—Y a ti que te importan mis muec…
Mi frase se vio interrumpida cuando escuché un fuerte grito a lo lejos. Me levanté de un salto y miré el reloj, eran las 7:30 am, había estado haciendo lagartijas por dos horas seguidas y mi camisa estaba totalmente empapada de sudor.
Volteé a ver a Emmett que había parado de trotar y se preparaba para seguir haciéndolo, pero esta vez era para cruzar el pasillo hacia la habitación de al lado, la de Alice, de donde había salido el grito.
Caminé despacio siguiendo a Emmett y lo encontré sentado en el suelo junto a la cama de la duende, Alice estaba sentada en una de las esquinas de la cama con la cabeza de Emmett a sus pies mientras se impulsaba casi saltando sobre el colchón, y señalaba al televisor…
— ¿Qué sucede ahora? —pregunté un poco confundido al verlos mirando la televisión después de que Alice gritara como loca.
Alice no habló, solo me miró y me hizo señas para que me sentara a su lado, lo cual hice rápidamente.
«Buenas días América. —gritó una chica en la tv — ¿Como están? Espero que bien, esta mañana les vengo con algunas noticas de farándula, ¡si supieran lo que pasó la noche de ayer! ¿Quieren saber? Bien, Pues resulta que las estrellas musicales del momento; Bella y Vivi Vulturi, hicieron una fiesta la noche de ayer, justo después de culminar su gira a nivel mundial: One Only Reason… ¡adivinen dónde! Sobre el techo de su casa —hice una mueca al ver que la chica que aparecía en la televisión parecía estar totalmente zafada de los tornillos, aunque mostraba ser la amiga de todo el mundo—. Nosotros no nos quedamos atrás, fuimos investigando y hemos escuchado afirmaciones de que la fiesta inició entre ellas dos cuando, al parecer, se pusieron a practicar y divertirse sobre su azotea, tocando canciones tales como Hysteria, Time is Running Out… y otras canciones de su amigo Matthew Bellamy, del grupo de Muse… ¡Ok, ok, nenas, no se desesperen! Aquí les tenemos algunas imágenes y videos de la fiesta, pero antes haremos una pausa. ¡Nos vemos al regresar!»
La imagen de la chica que parecía ser la presentadora del canal de farándulas, fue reemplazada por las imágenes de la fiesta después de la corta pausa para comerciales.
Lo que vimos nos dejó con la boca abierta y a Alice saltando, las chicas que habían armado el escándalo estaban tocando las guitarras y cantaban alegremente sobre el techo de la casa. Seriamente dudé de sus estados mentales porque, ¿Quién haría un escándalo a media noche sobre el techo de su casa? ¿Acaso estaban locas? ¿En el techo de la casa? ¿No podían hacerlo en tierra firme?...
—Desearía haber estado allí… —dijo Alice suspirando mientras veía la imagen de la cantante gritándole al público para que saltara e hicieran los coros de las canciones.
— ¿Estás loca?, seguramente las habrán llevado a un centro de detención de menores… —dije mientras miraba otra imagen donde un helicóptero lleno de paparazzis iluminaba a las chicas y empezaban a lanzar una lluvia de flashes.
—No, no estoy loca, además ustedes me acompañaron a uno de sus conciertos ¿se acuerdan? y según recuerdo les gusto bastante… Ellas siempre hacen locuras para llamar la atención, son muy divertidas, lo sé… —terminó su explicación para volverle a prestar atención a la presentadora del programa que había vuelto a aparecer.
« ¡Fue súper divertido! ¿Verdad? —Gritó casi saltando como loca al igual que Alice—. Pero fue una lástima que la policía apareciera y se llevara a las chicas —dijo haciendo un puchero y señalando unas imágenes donde las chicas salían sonrientemente de la mano de unos policías y entrando a la patrulla—. Lo mejor de todo es que ambas están bien, esta mañana, hace apenas unos minutos, Bella y Vivi han sido captadas mientras salían del centro de detención de menores. Estaban demasiado contentas de volver a vernos, incluso nos dieron autógrafos —dijo otra vez, pero señalando un poster autografiado que tenía en sus manos. Ahora iremos con otras noticias, les cuento que…»
Alice no esperó más y empezó a saltar después de apagar la televisión. Emmett y yo suspiramos, esas chicas siempre salían en los medios ¿es que no se cansaban de tener tanta gente detrás de ellas?
— ¡Oh, por Dios! Amo como se visten esas chicas, lo que daría por conocerlas en personas algún día… —escuché suspirar a Alice mientras salía de su cuarto para ir al mío.
Alice tenía una seria obsesión con aquellas chicas, eso ya estaba claro, todavía me acordaba de cómo se había enterado del grupo, apenas teniendo 15 años.
Estábamos en el centro comercial y todos habíamos tomado rumbos diferentes, Alice a buscar revistas de farándula, Emmett se había ido a una tienda donde vendían cosas raras y yo me dirigí a una tienda de música. Había pasado horas viendo los instrumentos y discos hasta que me decidí por comprar algunos y luego ir a ver a Emmett; algo que no tuve necesidad de hacer porque lo encontré en la misma tienda que yo, solo que se había quedado leyendo una revista sobre música rock de los años 90’. A Emmett le gustaban algunos grupos de esa época. Empezamos a hablar sobre uno de sus cantantes favoritos: Char Swan, hasta que Alice nos sorprendió y el tema cambió radicalmente…
— ¡Vaya, esto sí que no lo sabía! —Había chillado Alice con una revista en las manos— Emmett, más vale que vengas a ver esto.
Emmett tiró la revista y fuimos a ver de qué hablaba la enana. Lo primero que vimos fue unas imágenes del ídolo de mi hermano, Char Swan, con una chica de la misma edad de Alice. Debajo de la foto rezaba que era la hija de Char Swan, que se estaba iniciando en el mundo del espectáculo. Emmett se había quejado mucho cuando se había enterado que Char se había retirado del mundo de la música, a él le gustaba esa música, no tanto, pero le gustaba a fin de cuentas. Habíamos intentado encontrar la razón de su retiro, pero ahora nos había llegado la hora de saber; Char se había retirado de la música para cuidar de su hija mientras que su esposa, Reneé —una de los ídolos de Alice—, seguía caminando por las pasarelas.
Bien, desde ese entonces, mis hermanos se fueron volviendo adictos a esa familia cada vez más y más hasta que, de momento, no hay notica que no sepan sobre ellos. Alice se había hecho un corte de cabello casi idéntico al de la otra chica, estaba más oscuro y corto, con pequeños flecos que apuntaban a todos lados.
¿Qué cosa tenían de atractivo si parecían estar locas?
Dejé desperdiciar mi tiempo pensando en cosas sin sentido mientras caminaba hacia mi habitación, donde esperaba no volverme a encontrar con la estúpida de Tanya.
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miércoles, 19 de septiembre de 2012

Las Niñas Góticas No Cantan - Capítulo 6


Disclaimer: Los personajes no son míos, sino de Stephenie Meyer. Solo la trama me pertenece.
Summary: Bella es la chica nueva del piercing en la lengua, la rara, rebelde y gótica del colegio, nadie sabe nada de ella, nadie la toma en cuenta hasta que… “¿Me creerías si te dijera que soy una cantante mundialmente famosa?” ExB, AU, OoC.
N/A: Sí, sé que todavía esperan el cap 13 que les debo, lo tengo guardado y esperando a ser publicado, solo que he decidido editar y betear el fic. Lo que me recuerda que debo agradecer a mi beta por la ardua labor de ordenar y quitar los horrores que poseía el fic :)

Capítulo beteado por: Kelly Escobar, Beta (FFAD)

LAS NIÑAS GÓTICAS NO CANTAN
Misión: Escape


Vivi se acerca con una grabadora y empieza a hablar…
— ¿Hola? ¿Hay alguien ahí? ¿Este aparataje realmente funciona? No sé dónde diablos está ese botón de… —empieza a apretar los botones al azar hasta dar con uno—. Creo que es este… ¿Están preparadas? ¡Aquí vamos, listos, grabadora y click!
— ¡Hola! Sí, soy yo, la chica que apoya a Bella en cada una de sus locuras y la autora de la famosa apuesta de los piercings.
Creo y supongo, que ya Bella les dijo que nos conocemos desde niñas, que no nos separamos y que además, tenemos una banda de rock en la que toco la guitarra eléctrica o el bajo. No somos completamente góticas, por si lo creían, tenemos algunas de sus conductas y la forma de vestir, pero no. Somos rebeldes, sin razones o con razones, lo somos. Nuestra banda toca rock, punk, alternative, un poquito de música emo…
¡Lo que se nos ocurra, al demonio con eso!
Bien, no tengo mucho que decir aparte de aclarar nuestra ''no tan notable'' conducta. Ok, si, ¿tengo que contarles el porqué de nuestra fuga recientemente planeada?
¡Genial!, se los contaré, ya saben que tenemos una apuesta pendiente, y que no dejaré de joder hasta que la cumplamos, se supone que Bella es la que se hará el piercing en la lengua y ceja esta semana, de hecho hoy, después de mi partida para ser exactas, pero como no me iré… ¡Adivinen! Yo también me haré uno, o varios…
¡Verdad que soy una súper amiga y hermana!
Bueno, en estos momentos estoy halando del brazo a Bella, vamos a raptar a su bebé  Agusta. Espero que no se burlen por el nombre, culpen de eso a la compañía, pero para despejar dudas la llamamos así por su modelo: MV Agusta R312. ¡No se les ocurra reírse del nombre porque de seguro Bella las corretea con un bate!
— ¿Pero y si nos sorprenden con las manos en la masa? —pregunta Bella mientras la sigo halando hasta llegar al garaje de su casa.
—Al diablo con eso Bella, tú y yo sabemos que nunca nos dejarán. Este es nuestro momento y vamos a disfrutarlo, aprovecharemos que Reneé y Charlie se han ido y saldremos por esos piercings —le digo con voz severa y haciendo un puchero amenazador. Mudanza
Abro la puerta y veo los autos de Bella y Charlie, al parecer los tortolos se habían ido en el auto de Reneé.
— ¿Traes las llaves, Bella? —le digo mirando detrás de mí, donde se supone que debe estar ella.
—Claro, enana. ¿Por quién putas me tomas? —dice con un tono tan frío y gélido que hubiese aterrado a cualquiera, siempre lo hace cuando está enojada, pero por suerte ya no soy la víctima de esos tonitos. Solo me limito a voltear como si no hubiese dicho nada.
—Ok, ok, no dije nada… —digo rodando los ojos y caminando hacia el bulto con cobertor negro de calaveritas y un aviso que reza un temible: ''No tocar o te mato'' que está en la esquina de todo el garaje.
Bella se acerca de forma lenta y cuidadosa hacia su Agusta y arranca el cobertor de un solo tirón, dejando a la vista una lujosa motocicleta de color negro y dos cascos guindando a cada lado de esta.
Ella camina más cerca de la moto y se sube rápidamente. La vi sonreír al sentir el cuero del sillón de la motocicleta bajo ella, siempre lo hace cuando se sube, le encanta a tal punto que no me sorprendería escucharla ronronear.
— ¿Y bien? ¿Qué esperas, Vivi? —dice devolviéndome una mirada burlona a través de los espejos de la moto.
—Ya voy, ya voy, inmadura —lo último lo dije por lo bajo al momento que le pasaba su casco, pero como siempre, ella me escuchó con su súper oído.
—Te escuché, enana —me responde mientras pone las llaves en el contacto y enciende la moto, que ronronea suavemente bajo nosotras y empieza a rugir a medida que Bella va acelerando y desacelerando para calentar un poco el motor—. Ahora, enana, ponte el casco, toma el mando de la puerta del garaje y ábrelo —terminó casi gritando por encima del motor.
Sabía que la adrenalina estaba empezando a fluir por sus venas así que me puse el casco negro con la calavera púrpura –que tiene mi nombre bajo ella, al igual que el de Bella–, y hacía que la puerta del garaje se abriera.
Bella aceleró la moto, lo que causó que me agarrara de ella con fuerza, y salimos a toda velocidad del garaje.
El camino fue corto. Bueno, eso creeré porque la moto de Bella es muy rápida y es una loca maniobrando sus juguetitos.
Nos habíamos detenido frente a un letrero que anunciaba un taller de perforaciones muy conocido. Bella y yo lo habíamos encontrado a través de internet la noche anterior.
Cuando entramos un sonido casi escandaloso rodeaba el ambiente, música rock, pensé para mis adentros contenta porque además de ser música rock era una de las canciones de nuestro último álbum.
Miré como la corta y crispada cabellara llena de rayitos azules y violetas chillones de Bella se movía por todo el local, viendo estilos de piercings, con una chica que caminaba detrás de ella como un zombi. Parecía que alguien ya había reconocido a Bella.
Me acerqué a Bella y vi que se había quedado mirando unos piercings negros metálicos para la lengua. Eran hermosos
— ¿Escoges esos? —Le pregunté mirándolos con determinación y haciendo que la chica que seguía a Bella se diera cuenta de mi presencia—. Son hermosos, escoge dos, me pondré uno…
— ¿C…como has dicho? —me dijo Bella mirándome como si tuviese siete cabezas.
— ¿Sabes que es de mala educación mirar mal a la gente? Sí, he dicho que me pondré un piercing, de hecho creo que me hare los que tú te hagas —casi me caigo de risa cuando veo que abre los ojos como platos, pero no lo hago si no quiero volver a pie.
—Lo que tú digas, creo que me pondré uno en la ceja, otro en la parte superior de la oreja y otro en la lengua —dijo con una sonrisa en la cara.
—Ahora creo que tenemos que ir a… —iba a seguir cuando mi frase se vio interrumpida al ver a un chico alto, con músculos, caminar hacia mi. Tenía el cabello de un negro casi carbón que contrastaba con unos hermosos ojos azules que me miraron intensamente.
—Hola, soy Daniel Marck —dijo tendiéndome una mano, la cual tomé sin flaquear. Miró detrás de mí como si hubiese algo importante allí atrás—. Jane, hermanita, ¿ya estas lista? Papá te debe estar esperando en casa, debes llegar antes de la cena o te hará la vida imposible…
Hasta ahora estaba tan embelesada escuchando su sedosa voz, que era capaz de derretirme con solo decir ''hola'', cuando escuché detrás de un carraspeo: Bella.
¡Joder! ¿Esto es amor a primera vista o se me ha pegado un virus en la cornea?
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lunes, 17 de septiembre de 2012

♥ Detalle de Twilighter: Promesa Crepúsculo

He abierto esta sección para poner todo detallito creado por las twilighters. Aclaro con antelación que no es mía la creación de este “detalle” C: 


PrOmEsA CrEpÚsCuLo

Prometo que voy a recordar a Bella cada vez que me caiga;
Prometo que voy a recordar a Edward siempre que esté fuera de la ciudad;
Prometo que voy a obedecer las leyes de tránsito por el bien de Charlie, por supuesto;
Prometo que voy a recordar a Jacob cuando mi corazón se llene de remordimiento;
Prometo que voy a recordar a Carlisle siempre que esté en una sala de emergencias;
Prometo que voy a recordar a Emmett cada vez que haya una gran pelea;
Prometo que voy a recordar a Rosalie cada vez que vea algo con belleza pura;
Prometo que voy a recordar a Alice cuando este en un centro comercial y me guste un bello traje;
Prometo que voy a recordar a Renesmee cuando vea un hermoso cabello bronce;
Prometo que voy a recordar a Esme cuando vea a alguien muy atento;
Prometo que voy a recordar a Jasper siempre que mi estómago no esté lleno;
Prometo que voy a recordar los Vulturis cuando alguien hable de dominar el mundo;

Sí, prometo amor a Crepúsculo siempre que pueda, para que todos puedan ver mi obsesión porque sé lo que siente una Twilighter...
¡Amén!

♥ Sí, se siente como si vendieras tu alma al demonio, pero es un detalle de toda Twihard C;
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