domingo, 23 de septiembre de 2012

Las Niñas Góticas No Cantan - Capítulo 7


Disclaimer: Los personajes no son míos, sino de Stephenie Meyer. Solo la trama me pertenece.
Summary: Bella es la chica nueva del piercing en la lengua, la rara, rebelde y gótica del colegio, nadie sabe nada de ella, nadie la toma en cuenta hasta que… “¿Me creerías si te dijera que soy una cantante mundialmente famosa?” ExB, AU, OoC.
N/A: Sí, sé que todavía esperan el cap 13 que les debo, lo tengo guardado y esperando a ser publicado, solo que he decidido editar y betear el fic. Lo que me recuerda que debo agradecer a mi beta por la ardua labor de ordenar y quitar los horrores que poseía el fic :)

Capítulo beteado por: Kelly Escobar, Beta (FFAD)

LAS NIÑAS GÓTICAS NO CANTAN
"Inicios"



Escuché los últimos toques de la alarma del reloj despertador que acababa de estrellar contra la pared mientras me levantaba.
¡Dios, como odiaba ese sonido!
Solté una pequeña risa al ver de soslayo el despertador que me había colmado la paciencia. Era el quinto que reventaba en este mes.
Iba a levantarme cuando, de la nada, sentí unas manos posarse en mi pecho y unos labios en el oído…
—Vamos, Eddie, ¿a dónde te vas tan temprano? —me dijo una voz chillona que hizo que me levantara y provocara su caída. Me reí con ganas al verla enojada.
Solté otra risotada al ver la cara que ponía al mirarme como si fuese una paleta de helado…
— ¿De qué te ríes, Eddie? —recobré mi compostura al escuchar cómo me llamaba, odiaba cuando me llamaban ''Eddie''—. ¿Acaso olvidas que soy tu novia? Me debes respeto y nunca cumples esa parte, pero yo siempre te perdono.
Le lancé una mirada de odio al ver que seguía de terca. ¿Cuándo se le iba a meter en la cabeza que no éramos novios, y que solo compartíamos la cama?
— ¿Qué haces aquí Tanya? —escupí las palabras.
— ¿Qué crees que hago, Eddie? Paso una mañana refrescante con mi novio después de haber tenido sexo toda la noche… —dijo con un tono que ella creía era sexy.
—Entiende que no eres de mi novia de una buena vez Tanya, ¿no entiendes que solo compartimos la cama? Ahora levántate, toma lo que quieras y deja de joderme la paciencia. No te quiero ver cuando regrese —terminé con voz amenazante mientras cruzaba la puerta para salir de la habitación.
Había cometido un gran error al involucrarme con Tanya Denali. La había conocido en una de las reuniones de amigos que hacía Emmett por los sábados y desde entonces no había momento en el que no dejara de arrepentirme de haberle pedido que fuese mi novia. Y aunque las novias no me duraran tanto, esta no se había querido despegar de mí, era como un chicle en la suela de un zapato.
Me la pasé murmurando y gruñendo incoherencias a medida que iba bajando las escaleras para ir al gimnasio privado que teníamos en el segundo piso de la casa.
Abrí la puerta y me encontré a Emmett levantando pesas mientras yacía en una camilla que era demasiado pequeña para su espalda.
¡Genial!, ahora me había quedado sin mi equipo favorito. Refunfuñé mientras me inclinaba para hacer unas 80 lagartijas como calentamiento.
Ignoré a Emmett mientras hacía las primeras 20 hasta que empezó a destornillarse de la risa mientras se ponía más polvo en las manos para que las pesas no se le resbalaran.
— ¿Y ahora qué te pasa? —inquirí un poco enojado, el mal humor todavía no se me pasaba.
—Es que anoche casi no pude dormir porque alguien gritaba ''Oh, sí, Eddie, dale mas…'' —dijo imitando la voz chillona de Tanya para luego terminar en carcajadas. Negué con la cabeza mientras soltaba una risita, mi hermano jamás cambiaría.
No le respondí a ninguna de sus bromas durante las siguientes horas. Sentí un hormigueo recorrerme el cuerpo, como si quisiese sonrojarme, algo que nunca volvería a pasarme desde que me había declarado…
Mi niñez había sido algo extraña; tenía pocos amigos, me hacían demasiadas bromas y era un niño un poco… relleno. Para cuando tenía 16 procuré mejorar un poco mi apariencia, Emmett me dijo que intentara bajar de peso, cosa que logré en poco tiempo. Al principio me resultaba extraño llamar la atención de todos los estudiantes del colegio, en especial de la chica nueva, Irina. Me había enamorado de ella desde el primer día en que la había visto, hice todo por ella y cuando por fin creía ser correspondido y quise declarar mis sentimientos, ella se adelanto dándome una rotunda negativa.
Había sido la última vez que me le había declarado a una chica, desde ese entonces me dediqué a salir con todas las chicas que se me pasaran por el frente, tenía sexo con ellas y las dejaba en el olvido. Pero Tanya se había convertido en una garrapata insoportable.
Mis pensamientos se vieron interrumpidos, tiempo después, por un sonido que retumbaba hasta en las paredes, eso solo advertía una cosa…
Alice se había despertado.
Sí, tengo dos hermanos, somos felices, bueno, no desde que habíamos recibido la noticia de que nos mudábamos de California a un mugriento pueblucho llamado Forks…
Había ocurrido después de regresar de un concierto al que Alice había insistido en que la acompañáramos; no negaba que había sido un éxito, me había encantado y que estuve muy emocionado aquella noche. De hecho, estuve metido en una burbuja cargada de adrenalina hasta que esta fue pinchada cuando Carlisle nos hizo saber que íbamos a mudarnos para “alejarnos un poco de los vicios” —esto refiriéndose más a mí.
En fin, no me quedaba mucho que decir, mañana nos mudábamos, nos quedaba poco tiempo aquí.
Ni siquiera mi hermana Alice había estado de acuerdo con la idea. Ella amaba ir de compras y también ir a los conciertos de la tal… ¿Beta Voltue? ¿Belly Voltoriz? Mmm, creo que no me acuerdo, quizás sea… Bella Vulturi… si, esa. Como decía, ella amaba ir a sus conciertos, las compras y la moda… ¿pero cómo iba a ir de compras en un pueblo en el que seguramente nadie sabía distinguir entre Dior y Chanel?
Aunque debía admitir que me gustaba la idea de alejarme de la zarrapastrosa de Tanya y probar carne nueva. Tanya no me gustaba, era buena follando, pero nada más porque era peor que una lapa cuando se te pegaba.
Por suerte contaba con las bromas pesadas de mi hermana, que siempre estaba a mi lado para espantar a algunas moscas muy pegajosas como Tanya. Y tenía que aceptar que era buena espantándolas, por rara que fuera —porque lo era—, la quería.
Otra risa se escuchó en la habitación. Miré hacia la esquina donde, esta vez, estaba Emmett trotando en la cinta para correr.
— ¿Y ahora que hice? —dijo mirándome inocentemente.
— ¿De qué te ríes ahora?''
—Pues por tu cara, si supieras las muecas que haces cuando piensas —dijo como si fuera lo más obvio.
—Y a ti que te importan mis muec…
Mi frase se vio interrumpida cuando escuché un fuerte grito a lo lejos. Me levanté de un salto y miré el reloj, eran las 7:30 am, había estado haciendo lagartijas por dos horas seguidas y mi camisa estaba totalmente empapada de sudor.
Volteé a ver a Emmett que había parado de trotar y se preparaba para seguir haciéndolo, pero esta vez era para cruzar el pasillo hacia la habitación de al lado, la de Alice, de donde había salido el grito.
Caminé despacio siguiendo a Emmett y lo encontré sentado en el suelo junto a la cama de la duende, Alice estaba sentada en una de las esquinas de la cama con la cabeza de Emmett a sus pies mientras se impulsaba casi saltando sobre el colchón, y señalaba al televisor…
— ¿Qué sucede ahora? —pregunté un poco confundido al verlos mirando la televisión después de que Alice gritara como loca.
Alice no habló, solo me miró y me hizo señas para que me sentara a su lado, lo cual hice rápidamente.
«Buenas días América. —gritó una chica en la tv — ¿Como están? Espero que bien, esta mañana les vengo con algunas noticas de farándula, ¡si supieran lo que pasó la noche de ayer! ¿Quieren saber? Bien, Pues resulta que las estrellas musicales del momento; Bella y Vivi Vulturi, hicieron una fiesta la noche de ayer, justo después de culminar su gira a nivel mundial: One Only Reason… ¡adivinen dónde! Sobre el techo de su casa —hice una mueca al ver que la chica que aparecía en la televisión parecía estar totalmente zafada de los tornillos, aunque mostraba ser la amiga de todo el mundo—. Nosotros no nos quedamos atrás, fuimos investigando y hemos escuchado afirmaciones de que la fiesta inició entre ellas dos cuando, al parecer, se pusieron a practicar y divertirse sobre su azotea, tocando canciones tales como Hysteria, Time is Running Out… y otras canciones de su amigo Matthew Bellamy, del grupo de Muse… ¡Ok, ok, nenas, no se desesperen! Aquí les tenemos algunas imágenes y videos de la fiesta, pero antes haremos una pausa. ¡Nos vemos al regresar!»
La imagen de la chica que parecía ser la presentadora del canal de farándulas, fue reemplazada por las imágenes de la fiesta después de la corta pausa para comerciales.
Lo que vimos nos dejó con la boca abierta y a Alice saltando, las chicas que habían armado el escándalo estaban tocando las guitarras y cantaban alegremente sobre el techo de la casa. Seriamente dudé de sus estados mentales porque, ¿Quién haría un escándalo a media noche sobre el techo de su casa? ¿Acaso estaban locas? ¿En el techo de la casa? ¿No podían hacerlo en tierra firme?...
—Desearía haber estado allí… —dijo Alice suspirando mientras veía la imagen de la cantante gritándole al público para que saltara e hicieran los coros de las canciones.
— ¿Estás loca?, seguramente las habrán llevado a un centro de detención de menores… —dije mientras miraba otra imagen donde un helicóptero lleno de paparazzis iluminaba a las chicas y empezaban a lanzar una lluvia de flashes.
—No, no estoy loca, además ustedes me acompañaron a uno de sus conciertos ¿se acuerdan? y según recuerdo les gusto bastante… Ellas siempre hacen locuras para llamar la atención, son muy divertidas, lo sé… —terminó su explicación para volverle a prestar atención a la presentadora del programa que había vuelto a aparecer.
« ¡Fue súper divertido! ¿Verdad? —Gritó casi saltando como loca al igual que Alice—. Pero fue una lástima que la policía apareciera y se llevara a las chicas —dijo haciendo un puchero y señalando unas imágenes donde las chicas salían sonrientemente de la mano de unos policías y entrando a la patrulla—. Lo mejor de todo es que ambas están bien, esta mañana, hace apenas unos minutos, Bella y Vivi han sido captadas mientras salían del centro de detención de menores. Estaban demasiado contentas de volver a vernos, incluso nos dieron autógrafos —dijo otra vez, pero señalando un poster autografiado que tenía en sus manos. Ahora iremos con otras noticias, les cuento que…»
Alice no esperó más y empezó a saltar después de apagar la televisión. Emmett y yo suspiramos, esas chicas siempre salían en los medios ¿es que no se cansaban de tener tanta gente detrás de ellas?
— ¡Oh, por Dios! Amo como se visten esas chicas, lo que daría por conocerlas en personas algún día… —escuché suspirar a Alice mientras salía de su cuarto para ir al mío.
Alice tenía una seria obsesión con aquellas chicas, eso ya estaba claro, todavía me acordaba de cómo se había enterado del grupo, apenas teniendo 15 años.
Estábamos en el centro comercial y todos habíamos tomado rumbos diferentes, Alice a buscar revistas de farándula, Emmett se había ido a una tienda donde vendían cosas raras y yo me dirigí a una tienda de música. Había pasado horas viendo los instrumentos y discos hasta que me decidí por comprar algunos y luego ir a ver a Emmett; algo que no tuve necesidad de hacer porque lo encontré en la misma tienda que yo, solo que se había quedado leyendo una revista sobre música rock de los años 90’. A Emmett le gustaban algunos grupos de esa época. Empezamos a hablar sobre uno de sus cantantes favoritos: Char Swan, hasta que Alice nos sorprendió y el tema cambió radicalmente…
— ¡Vaya, esto sí que no lo sabía! —Había chillado Alice con una revista en las manos— Emmett, más vale que vengas a ver esto.
Emmett tiró la revista y fuimos a ver de qué hablaba la enana. Lo primero que vimos fue unas imágenes del ídolo de mi hermano, Char Swan, con una chica de la misma edad de Alice. Debajo de la foto rezaba que era la hija de Char Swan, que se estaba iniciando en el mundo del espectáculo. Emmett se había quejado mucho cuando se había enterado que Char se había retirado del mundo de la música, a él le gustaba esa música, no tanto, pero le gustaba a fin de cuentas. Habíamos intentado encontrar la razón de su retiro, pero ahora nos había llegado la hora de saber; Char se había retirado de la música para cuidar de su hija mientras que su esposa, Reneé —una de los ídolos de Alice—, seguía caminando por las pasarelas.
Bien, desde ese entonces, mis hermanos se fueron volviendo adictos a esa familia cada vez más y más hasta que, de momento, no hay notica que no sepan sobre ellos. Alice se había hecho un corte de cabello casi idéntico al de la otra chica, estaba más oscuro y corto, con pequeños flecos que apuntaban a todos lados.
¿Qué cosa tenían de atractivo si parecían estar locas?
Dejé desperdiciar mi tiempo pensando en cosas sin sentido mientras caminaba hacia mi habitación, donde esperaba no volverme a encontrar con la estúpida de Tanya.
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miércoles, 19 de septiembre de 2012

Las Niñas Góticas No Cantan - Capítulo 6


Disclaimer: Los personajes no son míos, sino de Stephenie Meyer. Solo la trama me pertenece.
Summary: Bella es la chica nueva del piercing en la lengua, la rara, rebelde y gótica del colegio, nadie sabe nada de ella, nadie la toma en cuenta hasta que… “¿Me creerías si te dijera que soy una cantante mundialmente famosa?” ExB, AU, OoC.
N/A: Sí, sé que todavía esperan el cap 13 que les debo, lo tengo guardado y esperando a ser publicado, solo que he decidido editar y betear el fic. Lo que me recuerda que debo agradecer a mi beta por la ardua labor de ordenar y quitar los horrores que poseía el fic :)

Capítulo beteado por: Kelly Escobar, Beta (FFAD)

LAS NIÑAS GÓTICAS NO CANTAN
Misión: Escape


Vivi se acerca con una grabadora y empieza a hablar…
— ¿Hola? ¿Hay alguien ahí? ¿Este aparataje realmente funciona? No sé dónde diablos está ese botón de… —empieza a apretar los botones al azar hasta dar con uno—. Creo que es este… ¿Están preparadas? ¡Aquí vamos, listos, grabadora y click!
— ¡Hola! Sí, soy yo, la chica que apoya a Bella en cada una de sus locuras y la autora de la famosa apuesta de los piercings.
Creo y supongo, que ya Bella les dijo que nos conocemos desde niñas, que no nos separamos y que además, tenemos una banda de rock en la que toco la guitarra eléctrica o el bajo. No somos completamente góticas, por si lo creían, tenemos algunas de sus conductas y la forma de vestir, pero no. Somos rebeldes, sin razones o con razones, lo somos. Nuestra banda toca rock, punk, alternative, un poquito de música emo…
¡Lo que se nos ocurra, al demonio con eso!
Bien, no tengo mucho que decir aparte de aclarar nuestra ''no tan notable'' conducta. Ok, si, ¿tengo que contarles el porqué de nuestra fuga recientemente planeada?
¡Genial!, se los contaré, ya saben que tenemos una apuesta pendiente, y que no dejaré de joder hasta que la cumplamos, se supone que Bella es la que se hará el piercing en la lengua y ceja esta semana, de hecho hoy, después de mi partida para ser exactas, pero como no me iré… ¡Adivinen! Yo también me haré uno, o varios…
¡Verdad que soy una súper amiga y hermana!
Bueno, en estos momentos estoy halando del brazo a Bella, vamos a raptar a su bebé  Agusta. Espero que no se burlen por el nombre, culpen de eso a la compañía, pero para despejar dudas la llamamos así por su modelo: MV Agusta R312. ¡No se les ocurra reírse del nombre porque de seguro Bella las corretea con un bate!
— ¿Pero y si nos sorprenden con las manos en la masa? —pregunta Bella mientras la sigo halando hasta llegar al garaje de su casa.
—Al diablo con eso Bella, tú y yo sabemos que nunca nos dejarán. Este es nuestro momento y vamos a disfrutarlo, aprovecharemos que Reneé y Charlie se han ido y saldremos por esos piercings —le digo con voz severa y haciendo un puchero amenazador. Mudanza
Abro la puerta y veo los autos de Bella y Charlie, al parecer los tortolos se habían ido en el auto de Reneé.
— ¿Traes las llaves, Bella? —le digo mirando detrás de mí, donde se supone que debe estar ella.
—Claro, enana. ¿Por quién putas me tomas? —dice con un tono tan frío y gélido que hubiese aterrado a cualquiera, siempre lo hace cuando está enojada, pero por suerte ya no soy la víctima de esos tonitos. Solo me limito a voltear como si no hubiese dicho nada.
—Ok, ok, no dije nada… —digo rodando los ojos y caminando hacia el bulto con cobertor negro de calaveritas y un aviso que reza un temible: ''No tocar o te mato'' que está en la esquina de todo el garaje.
Bella se acerca de forma lenta y cuidadosa hacia su Agusta y arranca el cobertor de un solo tirón, dejando a la vista una lujosa motocicleta de color negro y dos cascos guindando a cada lado de esta.
Ella camina más cerca de la moto y se sube rápidamente. La vi sonreír al sentir el cuero del sillón de la motocicleta bajo ella, siempre lo hace cuando se sube, le encanta a tal punto que no me sorprendería escucharla ronronear.
— ¿Y bien? ¿Qué esperas, Vivi? —dice devolviéndome una mirada burlona a través de los espejos de la moto.
—Ya voy, ya voy, inmadura —lo último lo dije por lo bajo al momento que le pasaba su casco, pero como siempre, ella me escuchó con su súper oído.
—Te escuché, enana —me responde mientras pone las llaves en el contacto y enciende la moto, que ronronea suavemente bajo nosotras y empieza a rugir a medida que Bella va acelerando y desacelerando para calentar un poco el motor—. Ahora, enana, ponte el casco, toma el mando de la puerta del garaje y ábrelo —terminó casi gritando por encima del motor.
Sabía que la adrenalina estaba empezando a fluir por sus venas así que me puse el casco negro con la calavera púrpura –que tiene mi nombre bajo ella, al igual que el de Bella–, y hacía que la puerta del garaje se abriera.
Bella aceleró la moto, lo que causó que me agarrara de ella con fuerza, y salimos a toda velocidad del garaje.
El camino fue corto. Bueno, eso creeré porque la moto de Bella es muy rápida y es una loca maniobrando sus juguetitos.
Nos habíamos detenido frente a un letrero que anunciaba un taller de perforaciones muy conocido. Bella y yo lo habíamos encontrado a través de internet la noche anterior.
Cuando entramos un sonido casi escandaloso rodeaba el ambiente, música rock, pensé para mis adentros contenta porque además de ser música rock era una de las canciones de nuestro último álbum.
Miré como la corta y crispada cabellara llena de rayitos azules y violetas chillones de Bella se movía por todo el local, viendo estilos de piercings, con una chica que caminaba detrás de ella como un zombi. Parecía que alguien ya había reconocido a Bella.
Me acerqué a Bella y vi que se había quedado mirando unos piercings negros metálicos para la lengua. Eran hermosos
— ¿Escoges esos? —Le pregunté mirándolos con determinación y haciendo que la chica que seguía a Bella se diera cuenta de mi presencia—. Son hermosos, escoge dos, me pondré uno…
— ¿C…como has dicho? —me dijo Bella mirándome como si tuviese siete cabezas.
— ¿Sabes que es de mala educación mirar mal a la gente? Sí, he dicho que me pondré un piercing, de hecho creo que me hare los que tú te hagas —casi me caigo de risa cuando veo que abre los ojos como platos, pero no lo hago si no quiero volver a pie.
—Lo que tú digas, creo que me pondré uno en la ceja, otro en la parte superior de la oreja y otro en la lengua —dijo con una sonrisa en la cara.
—Ahora creo que tenemos que ir a… —iba a seguir cuando mi frase se vio interrumpida al ver a un chico alto, con músculos, caminar hacia mi. Tenía el cabello de un negro casi carbón que contrastaba con unos hermosos ojos azules que me miraron intensamente.
—Hola, soy Daniel Marck —dijo tendiéndome una mano, la cual tomé sin flaquear. Miró detrás de mí como si hubiese algo importante allí atrás—. Jane, hermanita, ¿ya estas lista? Papá te debe estar esperando en casa, debes llegar antes de la cena o te hará la vida imposible…
Hasta ahora estaba tan embelesada escuchando su sedosa voz, que era capaz de derretirme con solo decir ''hola'', cuando escuché detrás de un carraspeo: Bella.
¡Joder! ¿Esto es amor a primera vista o se me ha pegado un virus en la cornea?
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lunes, 17 de septiembre de 2012

♥ Detalle de Twilighter: Promesa Crepúsculo

He abierto esta sección para poner todo detallito creado por las twilighters. Aclaro con antelación que no es mía la creación de este “detalle” C: 


PrOmEsA CrEpÚsCuLo

Prometo que voy a recordar a Bella cada vez que me caiga;
Prometo que voy a recordar a Edward siempre que esté fuera de la ciudad;
Prometo que voy a obedecer las leyes de tránsito por el bien de Charlie, por supuesto;
Prometo que voy a recordar a Jacob cuando mi corazón se llene de remordimiento;
Prometo que voy a recordar a Carlisle siempre que esté en una sala de emergencias;
Prometo que voy a recordar a Emmett cada vez que haya una gran pelea;
Prometo que voy a recordar a Rosalie cada vez que vea algo con belleza pura;
Prometo que voy a recordar a Alice cuando este en un centro comercial y me guste un bello traje;
Prometo que voy a recordar a Renesmee cuando vea un hermoso cabello bronce;
Prometo que voy a recordar a Esme cuando vea a alguien muy atento;
Prometo que voy a recordar a Jasper siempre que mi estómago no esté lleno;
Prometo que voy a recordar los Vulturis cuando alguien hable de dominar el mundo;

Sí, prometo amor a Crepúsculo siempre que pueda, para que todos puedan ver mi obsesión porque sé lo que siente una Twilighter...
¡Amén!

♥ Sí, se siente como si vendieras tu alma al demonio, pero es un detalle de toda Twihard C;
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jueves, 16 de agosto de 2012

Poema: No Existe


"No Existe"


Todo sucede, todo,
solo que tú no tienes control sobre ello.
Los sentimientos inundan el alma y
quieren surgir, salir al exterior.
Nadie contesta, tu corazón late y late,
la sangre fluye, pero aun así nadie se mueve.
Las miradas oscuras atraen y el amor rompe barreras inexistentes,
cosas que solo resultan de tu burdo intento de convicción.
Solo por amor se entrega el alma,
solo por amor se rompen sueños,
y, solo por amor, los cuerpos yacen muertos.
Quieres abrazos y pagas un precio más alto que tu alma,
¿quieres más o solo que el amor te apriete el cuello?
Voces suenan a la distancia, truenos hacen retumbar la tierra,
pero en tu interior todo es silencio.
Tu cuerpo tiembla bajo la lluvia, otro rayo cae, siguen dos,
¿qué será del mundo si no existe Dios?

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He aquí un poema que escribí hace poco, sufriendo la resaca de la fiesta de FFAD. Tengo que admitir que al principio no tenía ni la menor idea sobre lo que trataba, veía cosas sin sentido, pero me di cuenta que los hechos simplemente suceden, no porque quieras; a veces te dejas llevar por las emociones y cuando crees que es necesario poner un “alto”…  ya es demasiado tarde.

Algo que me recuerda mucho a los noviazgos que hay ahora… Algunas personas se ilusionan tanto con la mera idea del “amor” que a veces pierden el son y ton de la vida, se aíslan demasiado y transitan por un sendero algo inestable. Se vuelven seres dependientes sin tener idea de que eso podría caerles fatal. No lo digo como burla ni porque sea de esas que no creen en ‘ese’ tipo de amor, si creo, pero no por completo; quizás sea porque no lo encuentro (ajá, aun después de leer tanta cursilería jejeje).

Y como dice una canción que destesto a morir “el amor es una magia, una simple fantasía, es como un sueño que al fin encontré…”, no todos tenemos la suerte de encontrarlo ni la dicha de sobrevivir a él. El hoy no es como antes y eso es comprensible, pero he visto tantas desventuras con respecto a ese tema que creo que ya me agrié un poco jajaja.

Referente a lo del “mundo” y “Dios”, no me refiero al fin de él (el mundo) o al Dios de algunas religiones, sino a aquella persona que tanto amas y adoras y que de un momento a otro desaparece sin decir palabra, entonces tu mundo se convierte en algo turbulento e inestable, tod@s tenemos uno, ¿o no?.

Quiero agradecer a mis manis Sofia V y Karla P. por prestarme la imagen para que pudiese hacer la portadita. Espero que les haya gustado. Mordiscos.
Nachi.


PD: Felicito a aquell@s supervivientes, de verdad que l@s admir@ <3
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domingo, 12 de agosto de 2012

Mi Escritor Favorito - Capítulo 3

Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, solo la trama me pertenece.
Summary: Bella es adicta a los fics, en especial los de un autors que no solo e sconocido por sus cantidades de reviews o fics, sino porque nunca deja notas de autor tanto en sus fics como en su perfil, NUNCA. Por otro lado está el tímido y sexy hermano de Alice...
N/A: No tengo mucho que decir, nenas. Bueno, creo que podría ir empezando con una disculpa: “Siento actualizar esta cosilla unos días fuera de la fecha que me tenía propuesta; he estado enferma y noche podido ir a clases, por lo que a mi regreso me he sorprendido al enterarme que los exámenes finales están por iniciar. Y todo ese escándalo sobre Robsten tampoco me anima tanto, me tiene algo depre”.
Por suerte me repuse bastante rápido (ignoro los temas referentes a Robsten ahora) y logré adelantar. Aquí les cuelgo uno de los caps más difíciles y larguitos que he escrito —sí, tuve que investigar alguito, como mencioné a algunas amigas—.
Es por eso y mucho más que quiero agradecer a mi beta Kiki D’ Cullen por revisar el capítulo de esta pequeña historia que tanto me gusta inventar (¡Sos la mejor beta del mundo, nena!) ^^

Mi Escritor Favorito

“Sola, pero acompañada’’



Cinco años atrás…
— ¡Vamos, esto no puede estarme pasando, no ahora! ¡Estoy cien por ciento segura de que tomé las píldoras, Alice! —tiré de mis cabellos con desesperación mientras miraba detenidamente la segunda prueba de embarazo que me hacía en el día.
—No es para tanto, Bella. Seguramente mi hermano cambia de opinión y hasta terminan reconciliándose…
— ¿En serio? ¿Estás segura de eso?
—No tendría por qué dudarlo, conozco a mi hermano y  sé qué querrá a la bebé tanto o más que a su vida.
—No estés tan segura de que sea niña —le dirigí una mirada de reproche, ella ya se estaba haciendo a la idea de lo que sería tener una sobrina revoloteando por su casa. Y  no quería ni pensar siquiera en las mudas de ropa que le compraría—. ¿Sabes? Prefiero que sea un niño idéntico a él —susurré contra su cabello mientras una sonrisa adornaba mi rostro y los cortos brazos de mi amiga me estrechaban contra ella.
— ¡Anda, no seas egoísta! No rompas los sueños de tu amiga. Tú y yo sabemos que el destino decide lo que va a ser la criatura y, aunque no haya nacido… ¡Déjame soñar, carajo! —Su voz de nenita enfurruñada llegó a mis oídos seguida de una risa de duende—. Tienes que decírselo, vas a ver que se pondrá eufórico por la noticia —chilló contenta aun contra mi oído. Tuve que apartarme un poco.
Mis ojos rodaron alrededor de la habitación de la pequeña de los Cullen. Esta era una de las muchas veces que entraba aquí, pero no por ello igual. Esta vez quería despejar mis dudas sobre un sospechoso embarazo. Y no es que me preocupara mucho, Edward y yo llevábamos cinco años de noviazgo, vivíamos en Chicago, íbamos a la universidad y nos dividíamos las tareas dentro de nuestro pequeño apartamento como cualquier otra pareja. El problema era que, ahora que sabía que mis cavilaciones eran ciertas y que estaba embarazada, mi mente no podía dejar de pensar en las posibilidades que había en que él me dejase sola, aunque fuesen pocas.
Nuestra relación había ido viento en popa desde aquel día en que se me declaró y descubrí que él era el escritor que yo tanto leía, aquel que me hacía desvelar todas las noches posibles con tal de leer uno de sus capítulos tan cargados de... no sé; él era simplemente fantástico y cuando leía sus capítulos era como si entrara en una cálida nebulosa, todo estaba lleno de magia, aunque no era lo mismo que verlo escribir, eso era totalmente diferente. De hecho, me había convertido en su beta personal, y, aunque al principio se me había hecho algo complicado porque él, estando más contento por nuestra relación, escribía como loco, logré adaptarme a él y a sus continuos capítulos. Claro, él que no había cambiado lo de las notas de autor y demás a petición mía; quería seguir creyendo que no sabía quién era el misterioso escritor y que mi novio no era más que el hermano de mi mejor amiga, aquel que conocía casi desde niña.
Sus escritos eran muy pulcros, así que no tenía que revisar mucho. Hubo veces en las que pensé que los dejaba así para que a mí no me costase, pero siempre terminé descartándolas porque él, además de repetírmelo hasta el cansancio, me hacía ver que con solo una sentada y unas cuantas horas de su importantísimo tiempo tenía suficiente para escribir una nueva historia o un simple capítulo. Todo se veía tan fácil desde mi punto de vista que, cuando me sentaba a su lado y veía como sus dedos parecían bailar por el teclado del computador como por los del piano y veía o escuchaba como brotaban aquellos sentimientos encontrados, mi mente se bloqueaba y perdía el hilo de lo que hacía por convertirme en la incondicional novia que ni siquiera sabía lo que hacía la persona sentada a su lado, mi mirada se quedaba trabada en su garganta, en sus largos dedos, en sus muecas  o en sus ojos verdes que estaban fijos en la pantalla.
Entonces él se desconcentraba, decía que era mi culpa el tenerlo tan distraído y se lanzaba sobre mí en un fogoso beso, de aquellos que no terminaban más que en entregas descontroladas y con cuerpos sudorosos.
Al final siempre terminaba dándole algunas ideas, no muy buenas a veces ya que terminábamos riendo, pero al fin y al cabo ideas. Era realmente estupendo ser su beta, no por tener acceso a las historias que aun no habían salido o a los capítulos sin publicar, bueno, sí, pero a la vez no; lo mejor de ser su beta era el pasar más tiempo junto a él. El saber que tu novio comparte su hobby favorito contigo era el más grato de todos sus regalos juntos; estar con él era mi única prioridad, claro, eso si ponemos la universidad a un lado...
— ¿En donde mierda estas, Bella? No me digas que aun sigues en Edwardlandia porque juro que… —el grito de una rojiza Alice perforó en mis tímpanos.
— ¿Qué? Yo no he hecho nada, Alice, solo estaba pensando en mi bebé —maldije mis mejillas cuando sentí mi sonrojo inundarlas.
—Sí, y mi mejor amiga es Pamela Anderson. Bella, yo no me chupo el dedo porque no nací ayer, sé que esa sonrisa boba y esas babas de enamorada solo aparecen cuando estas pensando en mi hermano — ¡Dios, a esta loca no se le engañaba ni guiñándole ojo! —. Al menos dedícame unos segundos —hizo un puchero y pude sentir mi alma pendiendo de un hilo y diciendo “bye, bye” a mi conciencia.
—Ok, pero volviendo al tema… ¿de verdad crees que no se enojará? Apenas estamos en la universidad, a nosotros no nos alcanza para mucho y…
—Bella, por algo existe la familia, el dinero no importa. ¡Solo ve y díselo, joder! —ahora su pie golpeaba insistentemente el suelo, no era una buena señal que digamos.
—Vale, vale. Lo haré, pero si no funciona… —no terminé porque vi su ceño fruncirse más de lo que cabe. Mi respiración se estabilizó un poco mientras mis manos soltaban las hebras de cabello que habían tomado presas sin darme cuenta.
Recuerdo que el momento en el que crucé el umbral de aquellas puertas fue el que marcó mi vida. Me había encontrado con lo que no esperaba y la realidad que había visualizado no había sido la correcta.
Unas cuantas horas después, los llantos llenaban la habitación de una Alice que hacía malabares entre apretar puños, buscar a su madre y consolarme.  Simplemente no era lo que esperaba de él.
Actualidad…
Una mueca se formó en mi rostro cuando el recuerdo asaltó mi mente. El tono de la llamada colgada aún perforaba mis oídos, lo mismo pasaba con los pequeños tirones en mi vestido. Abrí los ojos nuevamente e hice como que una brusca seguía en ellos, pues las lágrimas no paraban de caer y no se me ocurría nada mejor que inventar.
“Solo por un beso, Bella. Solo por un beso…”  La frase siguió en mi mente unos segundos mientras sacudía la cabeza para despejarla y poder concentrarme en lo que realmente era importante ahora.
— ¿En serio es ella, Félix? ¿Estás seguro de que Alec te dio los datos correctos? Porque si no es así juro que haré que Jane… —no terminé la frase y mis dientes empezaron a crujir por si solos mientras mi mente fraguaba montones de cosillas que planeaba hacerle a los hermanos Vulturi.
—Hemos rastreado a la familia, Bella. Esta vez sí hablamos en serio, la hemos encontrado. ¡Hemos encontrado a tu nena! —su voz, aunque era gruesa, estaba teñida de cierta alegría o algo semejante. Si su voz se escuchaba así al otro lado de la línea quería decir que era verdad, ¿cierto? Ellos habían estado junto a mí en aquella época, no se atreverían a mentir… —. Pero me temo que tendrás que volver a Estados Unidos, Bella. Ahora.
Tiré el teléfono sin darme cuenta. Las lágrimas cayeron una tras otra por mis mejillas y los sollozos amortiguados por mis manos enguantadas no se hicieron esperar, Félix no tenía la idea exacta del porqué yo no quería regresar a Chicago después de mucho tiempo, solo le había contado ciertos detalles, pero de ahí no más.  Regresar a los Estados Unidos, a Chicago, representaba el mayor de los retos para mí, no quería encontrarme con el famoso Edward Cullen en una de sus calles, me heriría mucho y, además, esa había sido una de las razones por las que había decidido poner tierra y mar de por medio.
No me importó para nada el dejar atrás a la señora Gilbert, aquella ancianita protestona que siempre intentaba seguirme y que no hacía más que quejarse del clima, el tiempo y de los achaques de la vejez; solo me hice a un  lado y caminé nerviosamente hacia el hombre alto y rubio, de complexión fuerte y sonrisa franca, que sostenía a una niña sobre sus hombros, esta miraba a todos lados y soltaba de vez en cuando risillas contagiosas.
Una brisa fría revolvió sus cabellos, era doce de septiembre y aun era verano en Londres, pero hacía falta poco para el otoño, que ya se quería hacer notar. Me quedé mirado al hombre que quería como a un hermano a pesar de que no nos unía sangre alguna, como era el caso de los Vulturi.  Esquivé una que otra pareja antes de alcanzarlos, las risas se escuchaban más fuerte, la de él estruendosa y la de Vanessa aguda, algo que contrastaba armoniosamente.
Demetri dejó de reírse de manera abrupta, pero ella siguió riendo hasta que se dio cuenta de que había regresado.
— ¡Mami!, yo y Demeti  acabamos de subí a la Sepenntine, íbamo en un baco gande, gande, tu vieaa… —la vi hacer gestos con las manitas, seguramente haciendo alusión a la barca que utilizaron minutos atrás para subir a la Serpentine del sitio en donde estábamos, en Hyde Park. Hizo más gestos con sus manitas hasta que pareció acordarse de algo—. Demeti —bajó la mirada inocentemente, la muy pilla sabía como tenerlo a sus pies—, ¿tu tene la cámala pa’ mostlá  foto a mami?
Vi a Demetri sonreír y guiñarme el ojo antes de volver su atención hacia mi bebé, sabía que lo siguiente haría que posiblemente llorara, pero… —No, loquilla, mi cámara se la robaron los chicos del Speaker’s Corner, ¿no lo recuerdas?
— ¿Te lobalon la cámala? —abrió los ojos sorprendida antes de hacer un puchero ¡Oh, oh…! —, ¡Oh… ahola mami no pode ve la foto! ¡Mami no pode ve la foto, Demeti! —mi nena empezó a llorar y rápidamente la aparté de los bazos de Demetri, quien buscaba los seis bolsillos que tenía sus pantalones, ¿para qué tantos bolsillos si al final no guardaba nada?
—Mas te vale disculparte con Vanessa, Demetri —siseé su nombre cuando vi que terminaba de rebuscar en su ropa, Vanessa lo miraba absorta, pero él no respondía, se veía algo pálido.
—Lo siento, Vane, solo fue una broma —se tocó el cuello, nervioso por la posible reacción de Vanessa, que a veces se enojaba de tal manera que no hablaba durante horas—. Aquí está la cámara, para que le muestres las fotos a tu mami —le tendió la cámara, ella la aceptó con una sonrisa pintada en los labios. Eso era buena señal.
— ¿Cómo se dice ahora, Vane? —ella estuvo calladita unos segundos, volteando la cámara entre sus manitas, seguramente buscando el botón de encendido, hasta que respondió con un “Gracias” suavecito.
Demetri asintió y empezó a dirigirse hacia el lago, esperando que lo siguiésemos. — ¿Hacia dónde crees que vas, Demetri?
— ¿Hacia el lago? —su respuesta sonó mas como pregunta. Me observó algo confundido durante unos minutos—. ¿Sucede algo?
—No, solo que aquí… la pequeña y yo necesitamos tomar un vuelo hacia Estados Unidos en menos de dos horas y aún no hemos hecho las maletas —le respondí, como si fuese la cosa más obvia del mundo. El abrió los ojos de una manera algo graciosa.
—Te… ¿se van?
—Sí, según Félix, hemos dado con la familia… —el entendió rápidamente y me respondió con un asentimiento antes de darse la vuelta y entregarme a Vanessa.
Alrededor de quince minutos después, me encontraba en un vuelo sin escalas, directo hacia Chicago; Demetri  había ayudado mucho para conseguirlo, pues los que estaban al alcance, de momento, iban a Nueva York o a otros estados.
Vane observaba atentamente las nubes desde su ventana, estaba de rodillas sobre    el sillón, con las manitas apoyadas en la pequeña ventana. Se mordía los labios de vez en cuando, haciendo que una pequeña “v” se formara entre sus cejas.
El avión arribó a eso de las cinco de la tarde, el cambio de horario había ido a nuestro favor, pero el clima no tanto, había oscurecido y parecía que iba a llover un poco. Las calles habían bajado un poco la intensidad del tráfico, pero no del todo, y el taxi —que fue algo dificultoso para escoger si tomásemos en cuenta que había llegado con una durmiente Vanesa en brazos y un buen par de maletones— se desplazó desde el aeropuerto hasta South Shore casi sin ningún problema.
Félix había llamado anteriormente, quería saber si habíamos llegado completas, aunque a mí me pareció que solo lo hacía por mero deber suyo. En cambio, Jacob, un viejo amigo de la universidad, también había llamado, esta vez por simple casualidad.
—Estaba pensando en invitarte a cenar un día de estos, tengo un viaje pendiente hacia Londres, no es para tanto, pero…
—Jacob, estoy en Chicago… de hecho acabo de llegar —murmuré lo último, estaba haciendo un esfuerzo casi extraordinario para bajar las maletas y a Vanessa, que aun seguía dormida.
—¿En serio? Vaya, pensé que te quedarías en Londres de por vida —se rió por unos segundos—. ¿En dónde te estás quedando? Si no tienes donde quedarte puedes contar conmigo, en mi apartamento…
—No es necesario, Jacob, ya tengo donde quedarme. En estos momentos estoy en South Shore, bajando del taxi —tuve que sostener el celular entre mi hombro y mi cabeza para poder seguir hablando, estaba usando un brazo para pagarle al taxista y el otro para sostener a Vanessa; las maletas reposaban en el suelo—. Gracias, señor —eso fue dirigido al taxista. Podía escuchar a Jacob refunfuñando al otro lado de la línea, así que retomé la conversación —. Jake, no necesito tu ayuda, sé que puedo arreglármelas solas —alcé un poco la voz, intentando que entendiese que no podía quedarme a vivir en su apartamento; eso empeoro las cosas: Vanessa empezó a despertarse y él a hablar entre dientes—. Lo siento bebé, pero ya hemos llegado —le dije para calmarla.
El silencio se escuchó al otro lado, pero no presté mucha atención porque Vanessa quería que la bajara.
—Guau... ¿vamo a viví aquí, mami? —susurró emocionada, pero aun adormilada. Su boquita hizo una pequeña “o” al bostezar.
—Eso espero, mi peque, eso espero… —las palabras salieron alentadoras de mis labios, casi por cuenta propia. Ella empezó a removerse más fuerte y me vi obligada a bajarla, no sin antes advertirle que se quedara quieta. Aproveché para tomar las maletas y ver el celular, en donde me di cuenta de que Jacob había colgado la llamada.
Los minutos transcurrieron lentamente, tan lento que parecían ir acorde a la velocidad del ascensor en el que habíamos entrado; Vanessa jugaba con los botones y yo solo pensaba en el piso que nos correspondería y en cómo iba a pagar la renta mientras nos quedásemos allí, todo se veía demasiado sofisticado y nuevo, aun cuando años atrás había vivido en ese mismo lugar.
South Shore quedaba cerca del lago de Michigan y a la zona centro de la ciudad, Edward y yo habíamos escogido aquel lugar por puro gusto, las pequeñas casas no eran lo nuestro, pero eso no evitó que escogiésemos uno de aquellos apartamentos con vista al lago y a hermosas puestas de sol. Durante el invierno solíamos acurrucarnos en un sofá junto a la ventana y ver el crepúsculo, trabajar en algún que otro capítulo o simplemente meditar y darnos algún que otro; el verano era casi todo lo contrario, salíamos al lago y dábamos paseos en una vieja barca de alquiler o nos decidíamos por ir a Rainbow Beach, una playa que quedaba bastante cerca también.
Hice una nota mental sobre llevar a Vanessa a aquella playa, a ella le encantaría y a mí, aunque me hiciese sacar a flote ciertos recuerdos, me caería bien algo de sol, en Londres no lo veíamos mucho y por eso estábamos tan pálidas como la nata de leche. Solo que no en estos momentos, el invierno estaba por empezar y en las calles rondaba un frío de mil demonios.
Mi teléfono sonó en tono de mensaje y me acerqué para ver que era, no me sorprendió encontrar un mensaje de Demetri: “Félix me dijo que habían llegado bien, así que no fastidiaré más con eso. Solo cuídense, ¿vale?”. Me tiré en uno de los sofás del salón y cerré los ojos mientras tiraba uno de mis brazos sobre mi cara, hacía poco que Vanessa y yo habíamos terminado de desempacar y estábamos algo exhaustas, bueno, solo yo, ella estaba dando vueltas en el apartamento, revisando cada esquina.
Desde que había decidido dejar a Edward y al resto de los Cullen atrás todo había ido como había planeado, obviamente no conté con la ayuda de quienes creí mis padres, pero encontré personas que sí estuvieron a tiempo para darme una mano antes de caer. Gracias a ellas me encontraba en esta majestuosa ciudad, aunque fuese por segunda vez.
Siempre había querido visitar Londres, pero no había tenido oportunidad, mis padres no eran lo que se podía denominar ricos, eran de la clase media y vivíamos algo ajustados en una pequeña casita. Pero por desgracia todo lo deje atrás, a ellos,  a los Cullen, mis amigos, y mis pasatiempos...
Bueno, mis pasatiempos no, solo les di un cambio en el horario. Cuando salí de Forks supe de inmediato que las cosas no volverían a ser como antes, ya no habrían mas fiestas locas con Alice y los demás Cullen, paseos a La Push o incontables noches en vela compartiendo mi tiempo con las guaruras de facebook, messenger o... fanfiction.
Había dejado abandonado ese mundo, al principio había sido por unos meses, pero al final no me resistí y volví para dar mi despedida e irme definitivamente. Como era de esperarse, leí y descargué todo lo que ECboy tenía en su perfil, él había sido mi novio y, aunque me hubiese traicionado de una de las peores formas que pude considerar, también fue mi escritor favorito. Él había sido el responsable de mis sonrisas aun cuando estaba triste y no sabía quién era, era el responsable de mis sonrojos y las tibias lágrimas que derramaba con cada capítulo suyo, era el mejor escritor que había leído en toda mi maldita etapa de fanficker, lo había seguido incluso cuando pensé que no actualizaría jamás y lo seguí haciendo a pesar de herirme. Lo amé con toda mi alma y aun lo seguía amando, casi hasta doler —como él siempre describía su amor—. Lo recordaba a cada segundo.
No me di cuenta de que una lágrima se había desperdigado por mi mejilla hasta que escuché la voz de mi nena. —Mami, ¿tas ben? —su dulce voz llegó como un bálsamo, sentí mi cuerpo agitarse al ver su lindo rostro. Solté el teléfono que inconscientemente tenía apretado en una de mis manos y me restregué el ojo para intentar convencerla, era fácil, ella era muy inocente.
—Sí, nena. Solo se me metió una brusquilla en el ojo, mira —estiré uno de mis párpados y me incliné un poco para quedar la altura de mi pequeña nena, que me miraba desde hacía minutos con una mueca de preocupación plasmada en su carita—. ¿Lo ves? —susurré entre pequeños sollozos mientras veía con mi otro ojo que ella parecía encontrar.
— ¿Esa pepa cocholate que tu tene en el ojito? —sonreí al escuchar su pitillo de voz. Había dicho su primera palabra hacía unos cuantos años, pero en sus cortos tres añitos ya decía mucho. Una risa salió de mi pecho dándome cuenta de que se refería a mi pupila.
— ¡Oh, la viste! —solté mi párpado al ver una sonrisa orgullosa salir de sus labios. Seguí con el juego para despistarla—. Será mejor que soples, mi lobita. No quiero esa brusca en mi ojito —hice un puchero sabiendo que ella terminaría soplando; últimamente andaba muy entusiasmada con el cuento de los tres cerditos—. Anda sopla, sopla porque no quiero pasar tu cumple o el mío con un parche en el ojo —ella rió, pero luego hizo un  morrito antes de soplar. Yo cumplía mis  veintiocho hoy, no estaba entusiasmada porque solo me recordaba una fecha más sin él. Pero ella si lo estaba porque cumpliría sus cuatro añitos dentro de dos días, el quince de septiembre.
Hice una mueca al escuchar mi celular sonando nuevamente, otro mensaje. Era de Jake.
“Voy en camino, siento responderte tarde. Supongo que estas en el mismo edificio de hace años, ¿en que apartamento te estás quedando?”
Mis manos temblaron durante unos segundos, me ponía nerviosa la idea de que alguien más supiese la existencia de Vanessa, pero tenía que aceptar que no podía guardármela para mi sola, alguien tenía que saberlo tarde o temprano. “Vale. Piso siete. Te espero”, escribí lentamente antes de dar a “enviar”.
Media hora después me encontré con un Jacob totalmente nervioso esperando al otro lado de mi puerta. No había cambiado mucho, su cabello se veía más oscuro que nunca y contenía casi los mismos rasgos que lo hacían ver atractivo unos años atrás, de hecho podría jurar que se veía más voluminoso, enorme.
—Anda, pasa que no te voy a morder  —sus ojos me observaban de una manera extraña, parecían esperar una respuesta sin haber formulado la pregunta.
—Yo… siento haber decidido llegar ahora, pensé que podría saber algo sobre aquello de “Lo siento bebé, pero ya hemos llegado”  —hizo comillas en el aire—, obviamente no iba dirigido a mí, ¿o sí? Quiero conocer a tu nena, Bella.
Jacob había sido uno de aquellos amigos que había dejado atrás sin más que un “estoy en Londres”, pero sabía que aun seguía siéndolo, habíamos mantenido contacto a pesar de la distancia.
Escuché un ruido en la cocina y rápidamente me alarmé, Vanessa no era de las que hacían mucho ruido, pero cuando lo hacía era porque algo había pasado. Caminé hacia donde sabía que se encontraba y pude sentir a Jacob seguirme, este empezó a reírse a mandíbula batiente apenas vio la imagen que teníamos en frente.
Al parecer Vanessa había tenido el antojo de un helado con sirope de chocolate, pero como el sirope estaba en una barra alta en el refrigerador, el helado en el congelador y ella quería hacerse la intrépida…
Bueno, terminó en el suelo minutos después, pero no sola porque quedó bañada de pies a cabeza con el sirope. No lloraba, por suerte, pero si tenía un puchero travieso en su cara.
— ¿Qué planeabas hacer, pilla? —le dije mientras limpiaba sus manitas en el fregadero y caminaba hacia la habitación que habíamos dispuesto para ella unas horas atrás. Esta vez Jacob no me siguió.
—Yo quelía helalo, pero caí —le quité sus pantaloncillos y le puse un vestido con florecillas que a veces usaba para dormir cando vivíamos en Londres.
— ¡Pero pudiste haberme llamado, nena! Mira la melcocha que te hiciste hace poco, te la hubieras evitado si me hubieses llamado —le hice un puchero, ella rio porque minutos atrás casi había logrado bañarme junto a ella.
—Sí, pero yo quelía hacelo sola —refunfuñó.
—Pero no está de más un poco de ayuda de vez en cuando, ¿verdad? —ella hizo otro puchero y arrugó la nariz un poco. Yo la besé y la miré tiernamente—. Te quiero, niña grande.
Ella rió bobamente y yo lo hice con ella, pero nuestras risas fueron interrumpidas por unos gritos provenientes de lo que seguramente era el apartamento de al lado. La miré para que se quedase quieta mientras yo iba a ver qué pasaba. Era metiche, tenía que admitirlo, pero no podía evitar preocuparme por los demás.
Cuando pasé por el salón me encontré con la mirada dubitativa de Jacob, parecía estar pensando seriamente algo.
—Iré a ver qué sucede en el apartamento de al lado, me pareció escuchar algo extraño —dije mientras revisaba los objetos esparcidos sobre la mesita que adornaba el medio del salón sin saber que era lo que buscaba realmente.
— ¿Estás segura? Seguramente es uno de esos vecinos que les gusta tener sexo y romper cosas… —tomé el celular y me dirigí a la puerta antes de que dijese algo mas—. Además, nos queda una conversación pendiente.
—Eso lo sé, pero no solo existes tu en este mundo —me detuve unos segundos antes de decir lo ultimo—. Vanessa está en su habitación, si desea algo dile que fui a conversar con los vecinos de al lado, que no se preocupe —me miró raro nuevamente—. Solo porque confío en ti, si no fueses tu me la llevo…
—Vale, vale… solo ve, pero regresa pronto o te irá fatal —sonrió por primera vez antes de irse hacia la cocina. Mi corazón dio un brinco al verlo de aquella manera, como en los viejos tiempos.
Mis pies se arrastraron lentamente por la suave alfombra del pasillo que separaba ambos apartamentos, me sentía cansada y parecía que los efectos del jetlag estaban haciendo estragos en mí.
Toqué suavemente la puerta, pero no hubo respuesta, así que le di más fuerte, con mayor insistencia. Se escuchó otro ruido, pero esta vez sí hubo respuesta, una que me puso los pelos de punta y los nervios crispados, la voz que provenía del otro lado de la puerta se me hacia conocida. De pronto me invadió un escalofrío y el pánico corrió por mis venas, ¿sería que el descubriría la verdad hoy?
Quise salir corriendo, pero mi cuerpo parecía haber tirado raíces. La puerta se abrió violentamente, pero no vi nada porque todo estaba oscuro dentro del apartamento.
—Disculpe señor, ha visto a... —mi voz salió atropellada hasta que Edward salió a la luz del pasillo—. ¿Edward?
El cerró los ojos antes de volver a hablar. — ¿Bella? —su voz salió ahogada, casi muda.
Mis ojos lo recorrieron de arriba hacia abajo buscando algún defecto que dijese que no era él, pero todo daba tan acertadamente como lo suponía. Era Edward. Se veía demacrado, con unas ojeras violáceas en un rostro tan pálido que hacía que pareciese todo un vampiro. Estaba envuelto en una bata de baño, verde como sus ojos; la barba estaba larga, parecía tener días sin encontrarse con la crema rasuradora y su equipo completo.
Sus ojos hicieron el mismo recorriendo de los míos, solo que en mi cuerpo. Su escaneo pareció durar siglos hasta que volvió a hablar.
— ¿En serio eres tú? —su voz salía ronca ahora, un fuerte halo de alcohol llegó a mi nariz. Había estado bebiendo, algo que hacía pocas veces, seguramente estaba pasando un mal momento y yo solo venía a importunar más de lo debido.
— ¡Oh, no sabes cuánto lo siento, Edward! No fue mi intención, yo estaba toda asustada y… bueno, no supe qué hacer. Estaba tan preocupada con lo que estaba pasando que me asusté y no supe que hacer…  —negué con la cabeza, el estar nerviosa solo servía para que dijese cosas incoherentes.
—Tranquila, Bella, una cosa a la vez. —no supe cuando se acercó, el sentir sus manos rodeando mi rostro hizo que me sintiese más tranquila, el no parecía haber cambiado nada, pero eso no quería decir que me perdonara. Porque me tenía odio, ¿no? Sentí algo pesado, inerte, dentro de mí—. ¿Qué sucede?
—Er… verás, yo… —quise decir, pero los tirones de la que supuse era Vanessa me sacaron de mi pequeña nebulosa.
Bajé la mirada y me la encontré mirándonos, como cuando veía algo interesante.
— ¿Qué haces, mami? ¿No venías a diagolar con los vecinos para que dejaran de…? —escuché a mi bebé mientras sentía una punzada de orgullo y tristeza al escuchar que decía todas las palabras de su frase con la “r” que ella pocas veces podía vocalizar sin tanto enredo, esta era una de esas veces.
Edward nos dirigió una mirada interrogante, se veía sorprendido. Quería explicarle, pero algo en mi interior me gritaba que no lo hiciese, el no debía saber quién era ella, o al menos de donde venía. Él simplemente no lo merecía.
Mi nena lo miró y una sonrisa gacha fue dirigida hacia él, que me miró con unos ojos torturados, preguntándome quien era ella.
— ¿Cómo se dice?  —la voz de mi nena volvió a sonar entre el silencio que se había formado en aquel lujoso pasillo.
— ¿Mami? —lo escuché susurrar. Mi corazón pareció detenerse, pero hice como que no escuché nada.
—Se dice “dialogar”, nena —respondí evitando todo lo proveniente a él—. Más tarde iré al apartamento. ¿Por qué no vas a preparar tu camita?, te perderás el cuento si no lo haces —le guiñé un ojo y le di una nalgada para que fuese al apartamento, ella rió coquetamente antes de salir corriendo. Intente seguirla, pero una mano pétrea sostuvo mi brazo, evitando que hiciese algún otro movimiento.
—Suéltame, Edward ¡Me haces daño! —gemí al sentir su agarre apretarse más.
— ¿Y crees que acaso tu no me hiciste daño también, Isabella Swan? —su fría voz se escuchó amenazante, susurrando en mi oído de manera mordaz mientras me apretaba contra su cuerpo.
— ¿Y es que acaso tu tampoco lo hiciste? ¡No eres un santo, Edward! —le rebatí, forcejeando todavía—. ¡Suéltame! —grité.
—No hasta que me digas quién diablos es esa niña que acaba de irse, Bella —escupió las palabras como si tuviesen veneno, mi cuerpo se tensó como la cuerda de un arco y empezó a temblar ligeramente. ¿Por qué justo a mí?
— ¡Te he dicho que me sueltes, Edward! ¿Qué te cuesta tener una conversación civilizada conmigo?
—No hasta que… —su voz se fue desvaneciendo mientras me apretaba más contra su pecho.
—Suelta a la chica, Cullen. Suelta a mi novia —la voz al otro lado del pasillo hizo que dejáramos de forcejear. Esto se estaba saliendo de mis manos, la situación me había tomado por sorpresa.

Continuará…
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jueves, 2 de agosto de 2012

Borrador: "Solo es Amor"

"Solo es Amor"






Y llegó el tiempo en que ella tuvo que abrir sus alas, todavía no era la chica de antes, superar un intento de violación y múltiples acosos y maltratos no era nada fácil; en su cuerpo y alma aun quedaban marcas, pero nada se comparó a cuando lo conoció a él, aquel chico, Derek, que vestía ropa oscura y cara, aquel que se paseaba por los pasillos del instituto como si fuese su casa, posando sus labios en cada flor que tuviese en frente.
De repente, todo quedo destrozado, su corazón dejó de latir a su ritmo para seguir otro, el de su nuevo dueño, ese que lo lanzaba por los aires, riendo y mofándose. ¡Que despistado fue al darse cuenta que no solo era un juguete, sino su vida!
¿Podría el tiempo volver a unir los pedazos de un corazón roto y hacer entender que lo que realmente ven tus ojos no es más que un espejismo y que deben ver la imagen a trasfondo?


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